Los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá cuando hacían campaña juntos. Desde 2019 están peleados «a muerte»

(Enviado especial a San Luis) En la provincia de San Luis rige desde esta mañana a las 8 la veda electoral, de cara a las elecciones provinciales que se realizarán este domingo 11 de junio. Sopla fuerte el viento “chorrillero” que viene del sur, que hizo bajar la temperatura y que hasta provocó la suspensión de vuelos en el aeropuerto local. Muchos son los que asocian estas ráfagas intensas, que duran minutos y reaparecen al rato, con “vientos de cambio” en la política local: desde 1983 -con algunos breves interregnos-, los destinos de este distrito cuyano están en manos de la familia Rodríguez Saá, representada por los hermanos Adolfo y Alberto. Y ahora el nombre del futuro gobernador no llevará esos apellidos.

Los hermanos están peleados fuertemente. A tal punto que el domingo estarán frente a frente, pero a través de sus candidatos. El actual gobernador, Alberto, no puede aspirar a la reelección y colocó a su delfín Jorge Omar “Gato” Fernández al frente de las boletas de Unión por San Luis, desde las que tratará de conservar el poder. Del otro lado, con el apoyo de Adolfo, actual senador nacional cuyo mandato vence en diciembre, Claudio Poggi, con el frente Cambia San Luis, intentará adueñarse del máximo cargo puntano.

La puja electoral que prevén muy polarizada tiene un resultado incierto. Aunque la oposición conformó un bloque heterogéneo que agrupa desde el PRO a los socialistas, pasando por el radicalismo y el Partido Demócrata, y confía en lograr una ventaja que calculan entre el 5 y el 7 por ciento, en el oficialismo no dan nada por perdido y también confían en el triunfo, sobre todo por lo que pueden traccionar los intendentes de los departamentos que se ubican fuera de la capital provincial.

Jorge Fernández posa con militantes y con su candidata a vicegobernadora, Eugenia Catalfamo

Jorge Fernández posa con militantes y con su candidata a vicegobernadora, Eugenia Catalfamo

Adolfo Rodríguez Saá se peleó con su hermano en 2019 luego de que junto a otros dirigentes fueran expulsados del Partido Justicialista. Desde ese momento ni se hablan. “Mis discrepancias son políticas”, aclaran en su entorno pero todos saben que se extienden a la relación familiar. Adolfo cree que Alberto puso a San Luis desde que gobierna en “piloto automático” y que por eso todo lo que el había implementado en los primeros años de su gobierno se desmoronó.

El actual senador, que tiene 75 años, fue cinco veces consecutivas gobernador de San Luis, entre 1983 y 2001. Su hermano Alberto, de 73 años, lleva cuatro mandatos, separados por uno intermedio de Poggi, cuando el actual opositor era aliado de los hermanos Rodríguez Saá. Enemistados desde 2019, los Rodríguez Saá no volvieron a compartir espacio político. En 2021, el senador y el gobernador tuvieron candidatos propios en las legislativas que ganó Poggi, representando a Juntos por el Cambio.

Claudio Poggi, el candidato a opositor, durante su caravana de cierre junto a su candidato a vice, Ricardo Endeiza

Claudio Poggi, el candidato a opositor, durante su caravana de cierre junto a su candidato a vice, Ricardo Endeiza

Está más que claro que aunque siempre representó al peronismo, esta alianza con otras fuerzas que reúnen tanto al PRO como a un partido de izquierda como Libres de Sur, se armó con el único fin de “destronar al Alberto”. El lunes, si se consuma la victoria de Poggi, habrá que ver que realineamientos se producen para los comicios nacionales de octubre donde se renovarán las tres bancas al Senado Nacional de la provincia.

Alberto Rodríguez Saá sabe que se juega demasiado en esta oportunidad. Por eso dicen desde la oposición que apeló al asistencialismo y que “no les va a alcanzar con los recursos que pusieron” para quedarse con la gobernación. Su candidato es Jorge Fernández, ex intendente de Tilisarao, un departamento a unos 118 kilometros de la Capital, quien promete “mejorar o consolidar lo que está hecho”, con algunas propuestas audaces como implementar la doble jornada educativa en forma opcional en las escuelas provinciales o un ministerio de emprendedores. Su compañera de fórmula es la joven senadora Eugenia Catalfamo, que en el Senado decidió alejarse del bloque del Frente de Todos y se sumó al que lidera Alejandra Vigo, la exposa del cordobés Juan Schiaretti.

La dupla oficialista eligió el perfil bajo durante la campaña. Prefirio las recorridas pueblo por pueblo y un escaso contacto con los medios nacionales en contraposición a Poggi y los suyos que el jueves cerraron con una caravana por varios puntos de la capital, con un alto nivel de adhesión y de entusiasmo.

Si son difíciles de entender las alianzas y los posicionameientos de uno y otro -de los dos lados tanto oficialistas como opositores sostienen que en octubre el panorama no será el mismo- también el sistema de votación complicará el escrutinio y confunde al electorado. Se volverá a utilizar la polémica Ley de Lemas. O sea que cada alianza puede presentar a más de un candidato a través de sublemas y el que más votos obtenga se quedará con la suma de todos ellos.

En San Luis se votará con Ley de Lemas

En San Luis se votará con Ley de Lemas

Por eso la elección a gobernador tendrá en total ocho candidatos, cuatro por el oficialismo de Unión por San Luis. Además de Fernández de la lista Celeste Unidad por ese espacio se presentan otros tres postulantes: Luis Amitrano (lista Blanca, Azul y Blanca) Diego Martín González (Modelo Productivo) y Mariela Cros (Movimiento Evita, Tierra y Trabajo).

Habrá otros dos por la oposición: la de Poggi (Cambia San Luis) que es apoyada por Adolfo Rodríguez Saá y la del Encuentro Multisectorial que encabeza Eduardo Mones Ruiz.

Además, con 419.062 ciudadanos habilitados para votar, se presentarán otras dos por la izquierda, las de Johana Gómez (Frente de Izquierda y los Trabajadores) e Italo Gallardo (Movimiento al Socialismo). También se elegirán legisladores provinciales, intendentes y concejales, con 161 cargos en juego que harán complejo el conteo del domingo. Con un final incierto.

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