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“Siempre aparece en los momentos importantes”: Iliana Calabró revela la particular manera de conectarse con su papá

Entrevista a Iliana Calabro por Tatiana Schapiro

“La llama de la pasión hoy está prendida fuego”, revela entre risas Iliana Calabró, que se muestra feliz. Apostó a la convivencia con su actual pareja y todo viene sobre ruedas: “Soy una defensora del matrimonio, o unión de pareja, a ultranza”, dice, en esta charla con Teleshow. “Mi casa es mi cable a tierra y tener más tiempo para disfrutarla, para atenderla y para ver a los afectos me hace bien. Me rejuvenece”.

“El recorrido fue de mucho aprendizaje. De las dificultades y las crisis se aprende mucho más que cuando todo sale fácil. Me siento muy querida. La gente me devuelve mucho amor, a veces no sé si soy merecedora de tanto. No tiene precio”, relata, emocionada, la actriz, que forma parte del elenco de Perdida Mente, la obra de José María Muscari que se presenta en el Multiteatro y luego comenzará una gira.

—¿Cómo te está tratando el noviazgo?

—Bien, yo creo que el amor a todos nos sienta bien. El amor sano, ¿no? Porque hay amores tóxicos, esos te destruyen la vida.

—¿Tuviste de esos?

—Un poquito; los finales por ahí se intoxicaron. A veces, en la rutina, el acompañarse se siente bien, pero lo que es la pasión puede desaparecer. Que también hay que hacerse cargo, porque es un trabajo de a dos esto de mantener encendida la llama, del mimarse. Y a veces, las ocupaciones, la familia… A medida que uno crece tiene más carga encima. Todo eso hace que uno pierda de eje la pareja.

—¿Hoy, cómo está la llama de la pasión?

—Hoy está prendida fuego. Está en lo mejor (risas), porque se puede decir que recién arranca.

—¿Cuánto llevan juntos?

—Hace poquito que empezamos a salir. Nos conocimos después de Pascuas, pero fue intenso. Fue encontrarse y seguir juntos.

—¿Estás conviviendo?

—Sí, fue rapidísimo. Fue larga la espera hasta que nos encontramos. Desde la primera noche que se quedó en casa, se quedó. Creo que se sintió súper cómodo. Los dos buscábamos un compañero de vida, más allá de que después estuvo la pasión y todo esto. Primero nos encontramos, nos acompañamos, y después me di cuenta de que sí, está bueno. A mí me gusta, soy una defensora del matrimonio, o unión de pareja, a ultranza. Me hace bien. Yo no quería saber nada. Me querían presentar gente, a él mismo me lo querían presentar desde hace mucho tiempo, y yo: “No, estoy bien, ¿para qué me voy a complicar la vida?”. Pero cuando volvés a encontrarte con esta vida en pareja, con alguien que cotidianamente te acompaña, te apoya, te ayuda, está bueno.

Iliana Calabró y su novio Luis (RSfotos)
Iliana Calabró y su novio Luis (RSfotos)

—¿Te animás a elegir tres momentos de tu vida que te hayan marcado?

Los nacimientos de mis dos hijos fueron hermosos. Mirá que el primero nació sietemesino: el cordón umbilical se había atrofiado, entonces hubo que madurarlo el fin de semana para hacer una cesárea el lunes. Imaginate, cuando sentí el llantito, fue una de las cosas más hermosas de la vida. Y Stefano me costó; antes perdí dos embarazos.

—¿El puerperio cómo fue?

­—Terrible, se me habían tapado los conductos mamarios y hacía mastitis, levantaba fiebre. Hasta que llegó el doctor (Alfredo) Cahe, que me dio no sé qué medicación y me dijo que tenía mucha leche, el sacaleche me estimulaba, entonces era como una “súper producción”. Eso me descongestionó y di de mamar como dos años a cada hijo.

—¿Otro momento?

—Uno feo fue la enfermedad y la desaparición de mi papá. Momento bisagra. Fue muy duro acompañarlo en esa agonía larga que tenía cada vez más disminuido a un tipo tan entero.

—¿Lo sentís presente?

—Totalmente. Hay una leyenda del colibrí, que viene con un alma que se fue y que vuelve a visitarte. A mí siempre en momentos importantes se me aparece un colibrí. Por ejemplo, no veía a mi hijo desde antes de la pandemia, viene a casa un día, estábamos armando en el balcón para almorzar. Vino el colibrí: “Es Cala, que nos viene a visitar”. Mi hijo viene por primera vez con su novia. Llega a Carlos Paz este año. Aparece el colibrí. Viene una amiga que vive en Francia, amiga de la infancia; estábamos charlando de vuelta en el balcón, aparece el colibrí. Ahora tengo una planta que me regaló otra amiga de la infancia, que se transforma en la reina del hogar y se llena de flores. Y el colibrí viene todos los días a comer de las flores de mi planta. Todos los días. Yo no quiero aburrirlo, como diría mi papá en el Martín Fierro, pero todos los días lo tengo. Y cuando a veces estoy haciendo otra cosa, busca que lo mire. Me acerco y no se va, y lo filmo y no se va; se acerca otra persona y se va. Es mío, es mi colibrí. Yo siento en él esto de la presencia. Esta semana lo soñé a mi papá. Desde que falleció lo había soñado una sola vez. Esta semana soñé de nuevo. Era un 9 de julio y tenía tres escarapelas. Era muy argentino y muy patriota. Él nunca salió del país. Y se honraba de eso: “Yo nunca salí de la Argentina”. Habiendo tenido posibilidad.

Iliana con su hermana Marina y su papá Juan Carlos Calabró, el día que recibió un Martín Fierro por sus 50 años de trayectoria
Iliana con su hermana Marina y su papá Juan Carlos Calabró, el día que recibió un Martín Fierro por sus 50 años de trayectoria

—¿Te gustó soñarlo?

—Me encanta. Siento señales. Mi papá fue muy presente. Omnipresente para las tres. Creo que él es el que le da toda esa energía y fuerza a mi madre. Sin dudas.

—¿Te enojaste alguna vez con tu papá?

—Sí, un montón. Nosotros chocábamos. Los dos tenemos carácter fuerte. Así como me ven, cuando me salta la tanada… Y él, igual. Era un pan de Dios, dulce de leche, amoroso, cálido, pero tenía carácter fuerte y éramos de chocar.

—¿Han pasado tiempo sin hablarse?

—No. Pero en el trabajo había que respetarlo, hacer lo que él decía. Y después, cuando él salió de su zona de confort, que era el humor, en otra etapa, que era la de Campeones, me vino a pedir consejos y eso lo humanizó. Fue muy lindo.

—¿Y un tercer momento?

—Recuerdo con mucha felicidad al Cantando por un sueño. Si vos me decís un abrazo que recuerdo de mi padre, fue el que me dio cuando gané el concurso. Fue muy fuerte todo. Eso me dio la posibilidad de un montón de cosas para las que uno se forma, se prepara. Yo cantaba, bailaba, y todo lo que aprendí sin darme cuenta de mi papá del humor, pude desplegarlo en esa previa.

—Contame la noche de “Libre”, por favor.

—La noche del primero fue terrible. Yo tampoco tenía conciencia de cómo estaba saliendo, porque no escuchaba nada. Era un estudio, había ruido, no escuchaba la música, no escuchaba a mi compañero y menos qué salía de mi boca. Buscaba desesperadamente con uno de mis ojos un tono que había salido a pifiarla por el estudio. Y cuando me vi, no podía parar de reírme. Dije: “¡Ay, no por Dios, esto es un horror!” (Risas). ¿Cómo se vuelve de esto?”. Todos mandaban las condolencias, hasta Mirtha Legrand.

Iliana con el elenco de Perdida Mente
Iliana con el elenco de Perdida Mente

—¿Te llamó Mirtha?

—Le dio vergüenza llamar (risas). La llamó a mi mamá: “Ay, pobre Ilianita”, decía (risas). Pero por otro lado, digo: “Bueno, canté mal, pero tampoco maté a nadie. Nadie murió con mi desafine”. En principio todos me odiaron. No sabés lo que fue desde Punta Alta, de donde era el sueño, le decían a (su compañero) Ricardo que pidiese cambio de famoso. Fue tremendo. En un momento había una posibilidad de cantar en Cosquín y Mercedes Sosa había hecho declaraciones denostando la chance de que vaya gente que no fuera típica del certamen. Me sentía la peor de todas.

—Ya era una cuestión de Estado.

—Sí, fue terrible. Creo que llegó en un momento muy particular de la sociedad, también por eso fue el apoyo mancomunado después. Alguien que con esfuerzo, con sacrificio, consciente de que no iba a ser Céline Dion, pero que tenía un montón de cosas… ¿Para mí sabés cuál fue el clic? Cuando viajo, me contratan para hacer un show en Santiago del Estero. Estaba cantando, se me rompe un taco y seguí bailando y cantando de puntitas. Al final del show sube una nenita con discapacidad, me agarra el micrófono y empezó a cantar ella, como loca, y yo dije: “¿Ves que todos podemos cantar?”. Tengo un don, que es el de la alegría, y a la gente no le importa si canto mal o canto bien. Es más, ahora canto mejor, porque sigo tomando clases de canto dos veces por semana. No soy Céline Dion, pero entono mejor.

—Recorriste mucho Argentina. Estamos atravesando una crisis difícil. ¿Cómo lo vivís?

—Está muy difícil. Yo llevo muchísimos años en esta profesión y en un momento tenía mi representante, mi asesor de imagen, mi maquilladora, mi peinador, mi secretaria. Y cuando tenía los dos chicos, tenía dos empleadas en mi casa. Y hoy me tengo que atender sola con alguien que me viene a ayudar una vez por semana. Solo tengo a mi representante, Ale Benevento, porque la verdad que no da el presupuesto si uno quiere mantener aquello que, con mucho esfuerzo, logró. Un departamento que, gracias a Dios, me regaló mi papá, porque si no, nunca hubiese podido llegar. Hoy pasa esto que me da bronca: si vos no les das el empujón a los chicos nadie puede tener una vivienda. Acá no te podés construir, proyectar. Dicen: “Ay, pero viajan”. Y sí, trabajan y viajan y van a comer afuera porque no pueden ahorrar. Saben que nunca van a tener un departamento, por más que ahorren.

—Siempre te vemos super positiva. ¿Sos así?

—Creo en el poder de la mente, para mal o para bien. Va en cómo cada uno lo use. Somos energía y hay días que decís: “Me pasó esto, esto, esto, tuve un día malo, de perros, me va todo mal. El día está perdido”. Yo no me entrego nunca. Quedate con lo lindo, empezá a trabajar con lo bueno. Siempre en un vaso hay una mitad llena. Eso te va a dar la fuerza para poder superar lo otro. Soy muy positiva en todo.

Mirá la entrevista completa:

Entrevista completa a Ileana Calabro por Tatiana Schapiro

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