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Milei y la amenaza del círculo de baba

Si todo es puro vértigo, no debería sorprender que se multipliquen, en forma precipitada, los límites al reformismo extremo que desplegó el presidente Javier Milei. Hasta los espacios de pragmatismo se han acotado en las últimas horas bajo la turbiedad parlamentaria que está experimentando el Gobierno nacional.

La denominada “ley ómnibus” –ya mutó a “minibús”–, que había conseguido un trabajoso dictamen de mayoría en las comisiones de Diputados, volvió a una traumática nebulosa y no está claro qué saldrá de allí ni cuándo. Por lo pronto, se resignó el paquete fiscal para evitar un seguro fracaso en la votación.

Y es que el eslabón que se había forjado con el grupo dialoguista de legisladores opositores fue dañado. No es sólo por los reparos que los parlamentarios mantienen sobre varios puntos neurálgicos para las metas que se autoimpuso Milei. Ahora también juegan las formas.

En las expresiones que el mandatario destiló por redes sociales, hay quienes creyeron ver las señales de una impotencia precoz, con un discurso adosado a la confrontación que apunta a un colectivo con el que ahora, por lo menos con una parte, tiene que negociar para no naufragar.

Lo mismo el ministro de Economía, Luis Caputo, que revoleó veladas amenazas hacia los gobernadores. El episodio con su par de Infraestructura, Guillermo Ferraro, apuntado como la garganta filtradora de la irritabilidad presidencial, eleva el estatus de verosimilitud de la historia detrás de la historia.

El mito del sapo y el círculo de baba para dominar a la serpiente, aunque la luz de retroceso para evitar más zozobras al proyecto de ley bien podría contar la misma fábula cambiando los roles de los protagonistas. Como sea, la historia no está saldada.

El principal vector es el de la suba de retenciones que, además de materias primas agrícolas, incluía a las manufacturas industriales. El equipo económico no quiere ceder más centímetros. Puesto contra un espejo, refleja el riesgo de no contar con las herramientas para asegurar el frente fiscal.

Y eso es clave, porque en los jardines de su gestión, en estos primeros 50 días, la única ancla que se puso en juego después de la devaluación es justamente la fiscal, cuya potencia nunca es inmediata, sino que se consolida con el tiempo.

En el medio, hay traders cercanos al Gobierno que actúan como voceros oficiosos y que aseguran que el compromiso fiscal desataría el primer nudo para la llegada de capitales externos.

También el expresidente Mauricio Macri había especulado con una lluvia de inversiones. El “ver para creer” tiene un paquete más complejo de exigencias en el caso argentino.

Esa precariedad, rodeada por una alta inflación que todavía tiene que sumar el ticket de la actualización tarifaria, además de la amenazante brecha cambiaria y del ritmo cansino del crawling peg, es la que alimenta la hipótesis de un posible retoque sobre el dólar oficial con la primera luna de marzo.

Po eso el Gobierno fue explícito: sin aval legislativo para subir retenciones, esos recursos saldrán de otro lado. Y no se menciona otra carta tributaria, sino nuevos recortes. ¿Ese costo pasa ahora a los gobernadores?

Un trabajo de los economistas Marcelo Capello y Nicolás Cámpoli, del Ieral de Fundación Mediterránea, aporta datos trascendentales para entender la dinámica de la relación fiscal con los gobernadores.

El año pasado, en el juego de las transferencias discrecionales –dinero que va por fuera de los envíos automáticos que gatilla el régimen de coparticipación federal–, el ganador fue el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, con casi 50% del total de esos recursos.

Y después hay un lote de distritos, como el que integran La Rioja, Catamarca, Formosa o Santiago del Estero, entre otros, para los que son cruciales esas transferencias. Ese flujo de recursos se ha convertido ahora en un tímido riego por goteo. Las pesadas manos de Caputo están encima de la canilla.

Claro que, aun en medio de una malaria generalizada, la situación de las provincias dista de ser uniforme. Hay jurisdicciones con evidentes problemas de caja y una liquidez tan débil que siguen de cerca el devenir que tendrá el nuevo experimento riojano de cuasimonedas.

Otras, como Córdoba, aceleran el reacomodamiento financiero y revisan con celo extremo la pauta presupuestaria atada a una ecuación de ingresos que, se calcula, será peor que la proyectada.

En ese escenario, el déficit previsional local (el talón de Aquiles de siempre) duele tanto o más que en los años en los que el kirchnerismo castigó a Córdoba por su alineamiento con el agro. Curioso: también la historia hace círculos alrededor de las retenciones.

En los próximos días empezará a correrse el telón de las actualizaciones tarifarias en los servicios públicos. El impacto que esas correcciones tendrán en los ingresos de los hogares no sólo implicará un remapeo de recursos familiares.

También la Provincia y el municipio tienen sus termómetros colocados en las zonas sensibles, con un monitoreo silencioso, pero intenso, para intentar anticiparse a la crecida que sobrevendrá en el deterioro de la situación socioeconómica.

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