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El Turco Naím, íntimo: la clave para compartir 19 años de amor con Emilia Attias, la paternidad y su regreso a la ficción

El Turco Naím, con su esposa Emilia Attias y su hija Gina (Instagram)
El Turco Naím, con su esposa Emilia Attias y su hija Gina (Instagram)

Naím Sibara Secchiari es un artista multifacético que comenzó su carrera como humorista en el clásico programa VideoMatch, conducido por Marcelo Tinelli en la década del 90. Este ciclo no solo le dio experiencia y popularidad, también le trajo al amor de su vida. Mientras grababa una cámara oculta conoció a su esposa, Emilia Attias, a quien define como su compañera de ruta. Están juntos hace más de19 años y comparten la crianza de su hija, Gina.

Más allá de que siempre trabajó en televisión y cine, El Turco, como se lo conoce popularmente, también es emprendedor y maneja tres bares. En la actualidad se lo puede ver por la TV Pública en la serie DT: La misión, una comedia con un tinte fantástico sobre el fútbol infantil. Esta es la primera ficción producida entre la Argentina y Bolivia que tiene un elenco integrado por Francisco Suárez, Sergio Goycochea, Fabián Vena, Katja Alemann y Luis Ziembrowski, entre otros.

Tráiler de DT: La misión

—En tu carrera ganaste mucha popularidad por tu trabajo en Videomatch. ¿Qué aprendiste al formar parte de ese equipo del que salieron grandes humoristas?

—Conocí gente muy linda, aprendí muchísimo porque estuve 14 temporadas seguidas, que eso casi nadie lo logra en este medio: tener tanta continuidad. Fue una práctica casi única, hay muy pocas personas que tienen la suerte de tener tantas temporadas seguidas en el aire y eso te hace aprender en el campo de batalla, que está buenísimo, te hace muy bien para el oficio. Lo que por ahí no estaba bueno es que era solo un estilo. Pero a la larga, cuando después uno sigue haciendo cosas, valora mucho esa experiencia que te obliga a ser preciso, certero.

—El humor fue cambiando con el paso del tiempo: hoy es muy distinto al que hacían en VideoMatch, como en las cámaras ocultas.

—Cambió la sociedad. El humor que nosotros hacíamos no era más que un humor argentino, costumbrista, llevado a las cámaras ocultas: un humor burlesco, transgresor, fuerte y sin muchos filtros. La sociedad en muy poco tiempo cambió para bien, se concientizó. Lo que nosotros hacíamos, hoy quedó un poco vencido. Pero todo es transformable.

—¿Por qué pensás que hoy casi no hay programas de humor en la televisión?

—Porque estamos justamente en ese proceso de encontrar qué es lo que nos da gracia, sin bullinear a los demás, sin reírnos de los demás. Porque generalmente el humor era un poco transgredir, reírse del otro, aunque digan que nos reímos con el otro. Entonces hoy estamos siendo más conscientes, porque el humano está evolucionando, porque estamos conviviendo con otras tecnologías, porque hay más preparación, hay más acceso al estudio. Y cuando uno lee, estudia y se prepara, se humaniza. Y al humanizarse se da cuenta de que al otro hay que ayudarlo y no hay que reírse del otro. Los chicos, los más jóvenes, ya lo entienden porque no se ríen de las mismas cosas que nos reíamos nosotros. Todavía hay que encontrar a ver de qué nos reímos, qué nos causa gracia sin lastimar al otro. Por eso no hay programas de humor.

Gran parte de la serie DT: La misión se grabó en en el Club Atlético Argentino, situado en el departamento de Guaymallén, en Mendoza. También se filmó en la Ciudad de Buenos Aires y en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia
Gran parte de la serie DT: La misión se grabó en en el Club Atlético Argentino, situado en el departamento de Guaymallén, en Mendoza. También se filmó en la Ciudad de Buenos Aires y en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia

En una entrevista dijiste que estabas volviendo a tus raíces, actuar en ficciones, lejos de tu faceta de humorista.

—Sí, es verdad. Tampoco me quiero hacer el actor serio; me gusta todo. Pero me está tocando actuar bastante seguido y estoy haciendo muchas películas, series. En este momento tengo dos películas y una serie que todavía no salieron, como una ficción con Disney que es muy interesante porque es para toda Latinoamérica y es un rol muy lindo, una serie de 11 capítulos que va a salir el año que viene.

—Ahora en la TV Pública están pasado la serie DT: La misión en la que participaste. ¿Cómo fue la filmación?

—Es un proyecto de Fran Suárez, un chico muy emprendedor que se puso al hombro hacer esta serie y se le fue dando. Tiene un elenco increíble y un clima muy lindo. Mi rol es divertido: interpreto a un fan de un equipo de fútbol, súper lúdico, soñador, que con un amigo van a buscar a Bolivia una persona que le da mala suerte a los contrarios. Además de la TV Pública, la serie también se puede ver en Bolivia.

¿Cómo fue la experiencia de grabar en Bolivia?

—Había ido a trabajar varias veces cuando estaba con VideoMatch. En Buenos Aires uno piensa que el resto del mundo es Europa o Estados Unidos, y cuando empezás a viajar por otros lugares, sobre todo en Latinoamérica, te vas dando cuenta de la intensidad y la potencia que tiene cada país: Perú, Ecuador, Bolivia es increíble. Es un país tremendo con una estructura muy buena, sobre todo Santa Cruz de la Sierra. Nos trataron muy bien, unos profesionales bárbaros. Nos sentimos muy cómodos, yo la pasé muy bien, con Fede Nanyo y Esteban Prol.

El Turco Naím y Emilia Attias
El Turco Naím y Emilia Attias

—A Emilia la conociste haciendo una cámara oculta para VideoMatch y están juntos desde hace 19 años.

—Sí, a mi compañera la conocí hace muchos años. Emilia no es solamente una compañera de ruta, sino de crianza: tenemos una hija que es algo maravilloso y estamos los dos embarcados en criarla con este nuevo paradigma que es totalmente distinto, criar una hija que tiene casi siete años, súper inteligente, súper creativa. Es totalmente desafiante, yo no sabía ser papá porque nunca lo había sido. Encima en esta época, con estos chicos que tienen cerebros desarrollados, con conciencias desarrolladas, que son ecologistas, se cuidan, comen bien, son conscientes de un montón de cosas que nosotros ni las pensábamos cuando éramos chicos.

—¿Cuál es el secreto para que con Emilia estén juntos hace tanto tiempo y puedan tener una familia armónica?

—Primero, nos queremos mucho, naturalmente. También somos muy compañeros y a la vez cada uno tiene su vida muy desarrollada aparte. No nos metemos mucho en la vida del otro, en general somos así los dos, no nos metemos mucho en la vida de nadie, pero ni de familiares. En eso somos personas muy parecidas: no damos consejos. Quizás suena egoísta, ¿no?, porque por ahí algunas personas me han dicho: “Vos nunca me das consejos”. Pero estoy tan ocupado en las cosas que tengo que hacer y en cumplir mis objetivos, mis sueños, que ni siquiera estoy prendido en los de mi compañera. A ella le pasa igual. Entonces está bueno porque tenemos vidas fuertes, ricas, no estamos frustrados. Eso a mí me ha pasado con algunas otras parejas, que no termina de desarrollarse cada uno, y eso influye mucho en la convivencia.

—Damián De Santo contó que con su mujer viven en casa separadas. ¿Probarías esta opción en caso de vivir una crisis de pareja?

—La verdad es que todo es lícito en la vida, pero a nosotros no se nos planteó la necesidad de la saturación; es más, no nos vemos mucho. Entonces, sería al revés: necesitaríamos estar un tiempo sin hacer nada y poder estar tranquilos y juntos. Nosotros tenemos una actividad frenética, yo también tengo los bares, entonces estoy con muchas cosas, ni hablar cuando estoy filmando. Ahora voy a participar en una película con Nico Capelli y ya estoy haciéndome drama entre los bares, la peli y la nena.

—¿Cómo sos en el rol de padre?

—Soy muy permisivo (risas).

—¿Entonces Emilia es la mala y vos, el bueno?

—En un montón de cosas sí, porque yo no le puedo decir que no al celular y Emi es un poco más consciente de esas cosas, y tiene razón. Pero bueno, yo soy permisivo.

—¿Cómo te imaginas el día que venga tu hija y te diga: “Papá, estoy de novia”?

—Ya me lo dijo (risas). Me dijo: “Estoy enamorada”. A mí me duele un poco (risas). Soy celoso y ella también. Somos los dos celosos. Ella no me deja hablar por teléfono.

—¿La ves siguiendo los pasos de ustedes, como actriz?

—La verdad es que Emi me mata si digo esto, pero yo estoy seguro de que va a ser actriz porque está todo el tiempo hablando del tema. Vemos películas juntos y ella me dice: “Este chico no está actuando bien, fijate”. Está atenta a esas cosas, como lo hacen los actores. Es un estigma ver una película entre actores porque te estás fijando en otros aspectos y no tanto en la historia.

El Turco con su hija Gina en la puerta de uno de sus bares
El Turco con su hija Gina en la puerta de uno de sus bares

¿Cómo te organizás para tener tu carrera, tus bares, ser papá?

—Soy metódico. Hago todas las cosas bastante tranquilo, no me hago mucho drama, trato de no estresarme. Pienso que ahí está un poquito el secreto, no estresarte, sobre todo en un país como el nuestro, en el que cada día es una aventura. Es convertirte en un espartano con sangre fría para no entrar en crisis, porque las crisis permanentemente están afuera. Entonces por lo menos evitás que las crisis estén adentro.

—¿Cómo te va con los bares?

—Bien, tengo tres bares, uno muy grande que se llama Cadillac, es una pizzería, una planta cultural con cervecería artesanal que es muy grande. Después tengo Pou, que es uno clásico de hace muchos años, y tengo otro, que es Corazón delator. Todos los bares funcionan después de las 6 de la tarde y cada uno tiene su impronta. Son divertidos y va bastante gente joven. Está bueno porque uno está en contacto con la gente.

—¿También querías abrir un boliche y un motel en el mismo lugar, pero al final no se pudo hacer?

—(Risas) Sí, a veces se me ocurren ideas que no son viables.

—¿Qué te dice Emilia cuando le hablás de esos proyectos?

—Ella me dijo que estaba un poquito loco, pero era una buena idea porque imagínate que estás en un bar y tenés tu habitación. Era divertido. Ella siempre me pregunta: “¿Es viable?”. La sociedad se ha acartonado bastante, por ahí esta idea yo la tiraba en los 90 y era un boom. Pero hoy hay muchos más tabúes que hace 20 años. Por un lado, ha avanzado la sociedad un montón, pero por el otro lado, como la sociedad es pendular, se ha llenado de tabúes. En esa búsqueda de lo que está bien y lo que está mal también es un caldo de cultivo para gente muy careta, que enseguida le pone cuadrados a las cosas.

—¿Qué significa el éxito para vos?

—Quisiera dar una definición más romántica que melancólica: el éxito sería poder lograr la felicidad. Entonces voy hacia ahí: estoy tratando de ser feliz todos los días. Una de las cosas que me hace feliz es actuar y que a la gente le guste. Entonces, eso se podría traducir en éxito.

—¿Cómo ves a la tele hoy?

—La tele hoy está pasando por una crisis de identidad. Entonces, ¿qué se puede hacer en la tele? A mi entender, si no trabajás con Adrián Suar, que es lo mejor que hay en la tele, no hay otra cosa.

—Hoy muchos famosos que participan en realities.

—Me llamaron para casi todos los formatos porque soy parte de la farándula. Entonces esos realities se alimentan de la impronta que tenés, de la fluidez, pero no me divierte en lo más mínimo, no los veo. No es que me pongo en contra: nunca me divirtió Gran Hermano o Masterchef. Sé que son formatos que a la gente les encanta. Hay familiares que me dijeron que vaya a los realities, pero a mí no me divierte. Tampoco me divierten los programas de política y no los veo, sin embargo a la gente les encantan y tienen rating.

—¿Te quedan sueños por cumplir?

—Sí, todos, todos, todos, todavía no cumplí ninguno (risas). Tengo ganas de hacer ocho mil cosas. Pero me dan muchas ganas de seguir actuando afuera, en otros países, en todos lados. Quiero seguir, seguir, seguir. Solo el tiempo se va a encargar de desarrollar las cosas.

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