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El oficialismo suma un alivio en el frente externo, temores por la inflación y discurso en zona de tensiones

Sergio Massa, en La Rioja. Busca mostrarse con gobernadores para reafirmar su campaña
Sergio Massa, en La Rioja. Busca mostrarse con gobernadores para reafirmar su campaña

Los números dicen algunas cosas, en el microclima político y también para la sociedad en sentido amplio. La suma de pagos pendientes al FMI y el desembolso previsto en el cierre de la negociación técnica -y política, claro- proyectan hasta noviembre un empate alrededor de los 7.500 millones de dólares. Asoma como un respiro, celebrado por Economía, que falta coronar con la aprobación del directorio del Fondo y que expone ajustes. En simultáneo, las cuentas sobre la inflación generan temores por una suba de este mes en torno del 7% y, sobre todo, por una escalada en agosto. Son elementos que pesan de manera contradictoria en el frente gobernante y que reflejan tensiones a la hora de recalibrar el discurso de campaña.

Todo lo que pase de aquí a noviembre es traducido en clave electoral. El tratamiento del acuerdo en la mesa del directorio del Fondo queda para mediados de agosto, después de las PASO. Y las nuevas tratativas de desembolsos, según lo planeado ahora, podrían caer después de un eventual balotaje. Sin embargo, es por lo menos lineal suponer que todo se ajusta al cronograma de comicios, sin que incidan otros factores globales.

En esa línea, y a la espera de que se vaya despejando el panorama electoral, se verá también cuál es el grado de flexibilidad del organismo internacional en función de las metas, ya elásticas, y no sólo por consideraciones sobre el impacto de la sequía. Parece claro que las autoridades del FMI -sus principales socios- evalúan sus necesidades -las vinculadas a la propia burocracia y las del contexto internacional- y el delicado proceso de recambio político en el país. Por lo pronto, la primera señal será dada por las elecciones primarias, en apenas dos semanas.

En ese contexto de transición, con internas a definir en los principales espacios políticos, se anotan los compromisos asumidos por el Gobierno para lograr cierto oxígeno financiero. La ratificación de la meta de déficit fiscal primario (1,9% del PBI) supone ajuste en rubros sensibles del presupuesto y aumento significativo de tarifas de energía. Algunas consultoras creen que el déficit estará bastante por encima de esa cifra, tal vez un punto porcentual más. Se verá, pero también en ese caso impactará fuerte en la economía doméstica.

El alivio en la meta de recuperación de reservas y el desembolso que llegaría en la segunda quincena de agosto, además de la posibilidad de intervenir frente a las disparadas del dólar, entonaron a los equipos de campaña, tironeados por las necesidades e inquietudes de jefes provinciales y algunos intendentes del GBA. En lo inmediato, y luego de una diagonal aún incierta para enfrentar los pagos de este mes y de agosto, el desembolso del FMI compensaría esos compromisos y los de septiembre, octubre y noviembre. Eso dice la planilla de suma y resta. La economía y la política dirán si todo transcurre así.

El entendimiento difundido este viernes fue anticipado el lunes con una serie de medidas para atender en parte las demandas del FMI. El despliegue del equipo de Sergio Massa fue acompañado en silencio por el kirchnerismo. Nada fuerte se escuchó después del anuncio. Sin embargo, a nadie escapa una evaluación básica de las dos movidas. La decisión de cerrar trato con el Fondo es defendida como único camino posible para evitar un enorme sacudón de los mercados, tal vez letal. Y la virtual y parcial devaluación agravará el cuadro inflacionario.

Ministro y candidato. Sergio Massa, con Kiristalina Georgieva, en visita al FMI
Ministro y candidato. Sergio Massa, con Kiristalina Georgieva, en visita al FMI

Julio ya se perfilaba por encima del IPC de junio (6%) antes de esta última trepada del dólar y de las referidas medidas. Y esa tendencia sería agravada en agosto, según estimaciones de consultoras privadas que agregan hasta dos puntos porcentuales. La reacción oficial lo estaría confirmando: es lo que transmite la decisión de aplicar ahora una medida para unificar en un mismo día el pronóstico del REM y el dato sobre el IPC. Caerá un par de días después de las PASO.

El kirchnerismo duro trabaja para mantener el aval a Massa en un movimiento que, a la vez, intenta mostrar distancia o frialdad frente a las medidas de Economía. Juan Grabois sería un refugio para votantes disgustados con el perfil de la lista casi única. Y nada habría cambiado en ese público el discurso inicial del ministro ya consagrado como candidato y los actos junto a Cristina Fernández de Kirchner.

A dos semanas de las primarias, el objetivo ya no sería gestión y campaña, sino campaña a pleno después de cerrar con el FMI. Massa, como cualquier candidato, apunta a colocarle sello propio a las consignas diseñadas como publicidad. Y en su caso, a superar la etapa enfocada casi exclusivamente en el frente doméstico, con gestos hacia el kirchnerismo.

En las cercanías del ministro se destacan algunos trazos que otros socios del oficialismo buscarían eclipsar. Por ejemplo, el acuerdo con el FMI, los mensajes a sectores agropecuarios, la propia asistencia a la Rural. Y todo el esfuerzo previo para ser el candidato avalado por los principales espacios de Unión por la Patria.

El recorrido no es sencillo, otra vez, en el plano interno. Ocurren algunos hechos imprevisibles y otros imaginables, fuera incluso del juego asumido por Grabois.

Impensable en cualquier cálculo, esta semana se produjo un episodio que reinstaló el doloroso tema de manejos ominosos en plena época de cuarentena por la pandemia del covid. No fue una denuncia. Se trató de un agradecimiento a la ministra Carla Vizzotti por permitir la visita de un familiar a una persona contagiada cuando eso mismo estaba vedado al común de la gente. El eco se potenció por el recuerdo del vacunatorio VIP y del festejo de cumpleaños en Olivos.

En cambio, previsible es la presión desde el despacho de CFK para que el Senado trate antes del 9 de agosto el pliego de la jueza Ana María Figueroa. Ese día, la camarista de Casación cumple 75 años y deberá jubilarse si no logra acuerdo de la Cámara alta. Es una pieza de peso para casusas sensibles que enfrenta la ex presidente, en particular el caso Hotesur. Al oficialismo no le resulta fácil reunir quorum. Pero más allá del desenlace, el tema agrega una pincelada política conocida a una campaña que entra ya en el tramo de duros cruces y escaso margen para el error.

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