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El fenómeno Grealish: del combo de belleza y talento que lo convirtieron en ícono al historial de excesos que encienden las alarmas

Jack Grealish, la cara de la fiesta del Manchester City tras ganar la Champions Reuters/Paul Childs
Jack Grealish, la cara de la fiesta del Manchester City tras ganar la Champions Reuters/Paul Childs

Era 2015 y Jack Grealish tenía apenas 19 años, cuando amaneció durmiendo en las calles de Tenerife, luego de una noche llena de excesos. Ya era jugador del Aston Villa cuando lo fotografiaron cerca de las 8 de la mañana, despatarrado, en el medio de la acera, con su teléfono a un costado y un paquete del cigarrillos en el otro. La Policía española fue al lugar y constató su identidad y reportó que apenas podía sostenerse en pie. El club inglés tomó medidas con su nueva joya pero, desde ese entonces, esos momentos fueron los menos. Su calidad dentro de la cancha ha sido tal que primero fue el MVP joven de la Premier, luego lo ascendió (en 2019) siendo figura tras el descenso de 2016, terminó pasando al City en una cifra impactante (100 millones de libras esterlinas) y hace pocos días fue campeón de la Champions, siendo titular y valor importante del triplete que el equipo de Pep logró esta temporada.

Claro, en el post volvió el Jack de furiosa fiesta. Casi dos días de festejos, desde Estambul a Manchester pasando una noche por Ibiza, siendo por lejos el foco mediático de la celebración de los Ciudadanos. Un sinfín de fotos y videos se viralizaron, algunos divertidos, otros no tanto… Grealish y su perfil de borrachín con onda, carisma y belleza que cautiva a muchas mujeres y también a hombres, sobre todo a los más chicos; por estos días sumó miles de seguidores en sus redes sociales y disfruta el mejor momento de su carrera. ¿Estamos en presencia del perfil extrovertido de un personaje tan talentoso como carismático que a veces descontrola o es otro aviso de los problemas con el alcohol que tiene la nueva figura del City?

Grealish, nacido el 10 de septiembre de 1995 en Birmingham, se formó en las inferiores del Aston Villa. En Primera debutó en 2014, a los 18 años, y al año siguiente, previo a aquel papelón, fue elegido el MVP joven de la Premier. Ya era un talento especial que además llamaba la atención por sus gambetas y por una estética distinta. Sus medias bajas hacían acordar a los antiguos jugadores talentosos y llamaron la atención de los fans. Llegó el papelón en Tenerife y luego aquella noche inhalando óxido de nitrógeno (el llamado gas de la risa), una droga que es legal en Inglaterra pero que tampoco gustó en el club y potenció una imagen criticada. En la siguiente temporada todo se complicó porque no respondió a las expectativas y el Villa terminó último en la Premier, descendiendo.

Ahí se concentró en su carrera y empezó a destacarse hasta ser la estrella del club que volvió a Primera en 2019. Durante la pandemia incumplió las reglas de la cuarentena y fue multado. Fue el año en que decidió jugar para Inglaterra, luego de coquetear con Irlanda, nacionalidad de sus ancestros. En agosto del 2021 se convirtió en el traspaso más caro en el fútbol británico -luego superado por Enzo Fernández– y las presiones aumentaron. Jack no cambió su forma de ser pese a estar en la lupa de todos. Lejos de un gran rendimiento, fue relegado al banco de suplente y fue más noticia por sus salidas nocturnas. Una vez se conoció que le habían prohibido la entrada a un bar por lo borracho que estaba y hasta se lo vio en la noche de Las Vegas con otra mujer que no era su esposa.

Grealish con un chaleco de seguridad levantando la Champions REUTERS/Molly Darlington     TPX IMAGES OF THE DAY
Grealish con un chaleco de seguridad levantando la Champions REUTERS/Molly Darlington TPX IMAGES OF THE DAY

Siempre polémico, nunca ocultó sus preferencias. “Si no hubiese sido futbolista, me habría gustado ser promotor de un club de fiesta. En Tenerife o Ibiza, conseguiría que todo el mundo entrara en el club”, admitió Grealish en una entrevista con The Times. Luego, en una nota en Mail Sport, reconoció que no escucha los consejos de Erling Haaland. “Me dice, ‘no salgas esta noche de fiesta’ y le digo que se calle y se vaya a tomar su baño de hielo. Erling se va a casa y se sienta con su familia y pide comida. A veces elijo eso, pero a veces me gusta salir y soltarme el pelo. No me voy a sentar a mentir y decir que no salgo. Me encanta relajarme en un bar”, contó sin caretearla. No le importa lo que se diga de él. Como cuando se criticó su falta de cultura general, al no saber qué significa ‘enciclopedia’, o no conocer en qué parte del mapa de Inglaterra se encuentra Birmingham, su ciudad.

El Grealish de fiesta explotó nuevamente desde el momento que el árbitro pitó el final ante el Inter. Primero se lo vio haciéndole bromas a sus compañeros en la zona mixta, bailando con un parlante y luego, ya en el vestuario, cantando temas de Oasis, siempre lata de cerveza en mano, con el pantalón recogido y las medias bajas, mostrando los ya famosos músculos de sus piernas. “Este toma de todo”, admitió Julián Alvarez, cuando una periodista argentina le preguntó si le armaría un fernet.

Desde ahí en adelante, en el micro, en el hotel y en el regreso a Manchester, se lo vio siempre con un trago en la mano. Pero, a diferencia de muchos compañeros, el rubio partió hacia Ibiza, sin descanso, vivió la noche y al otro día se vio cómo su compañero Kyle Walker tenía que ayudarlo a salir del hotel… Hubo reportes de prensa de que, ya en el aeropuerto, los empleados de la aerolínea le ofrecieron una silla de ruedas para trasladarlo.

Grealish llegó a Manchester y participó, como si nada hubiese pasado, del desfile de los festejos, siempre con su perfil extrovertido que cautiva a tantos: bromas, gritos, fotos, vivos de Instagram, saludos a las chicas. Todas estas horas de festejo y descontrol se viralizaron y en 72 horas sumó 600.000 seguidores en Instagram -ya roza los 8 millones-. En Argentina, por caso, ya tiene apodo: Discoteca Grealish.

Grealish tomando bebida alcohólica pura en los festejos del Manchester City Reuters/Jason Cairnduff
Grealish tomando bebida alcohólica pura en los festejos del Manchester City Reuters/Jason Cairnduff

Jack tiene un gran combo para despertar la atención de todas las audiencias. Primero, el talento, que hizo que el City gastara una fortuna y que, tras las críticas y dudas, apareció en toda su dimensión durante esta temporada, dándole la titularidad por encima de Julián Alvarez, Foden o Mahrez. Segundo la facha que maneja: carilindo, se pone la ya famosa cinta de pelo que muchos fans imitan y las medias bajas o pantalón levantado mostrando sus piernas. No es casualidad que varias marcas lo busquen.. Y tercero el carisma frente a las cámaras. Es auténtico, canchero y divertido, sobre todo cuando de festejos se habla. Fue el líder del City en ese sentido. En definitiva, disfrutando como tantos hombres normales festejarían un logro así, sin reparar en faltas de profesionalismo, como la gran mayoría hace…

Un combo deslumbrante para las redes sociales -lo siguen hasta un 30% de chicas- y hasta para las marcas -esta temporada cerró con Puma, dejando Nike, por 10 millones de libras anuales durante cinco años-, habrá que ver si para su vida…

Algunos lo critican por no ser ejemplo y otros se preocupan, pensando que puede ser un nuevo Paul Gascoigne, aquel supertalentoso jugador de los años 90 que tuvo graves problemas con el alcohol y las drogas, limitando su carrera y terminando internado, varias veces, al borde de la muerte y hasta en situación de calle, en 2014. Pero también están los que le festejan sus formas o, al menos, quienes creen que estos desbordes son circunstanciales, “que tiene derecho a vivir y a no ser un ejemplo de nadie”. El tiempo dirá… Por lo pronto, a su manera, Grealish disfruta este momento, el mejor de su vida, a los 27 años.

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