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Agustín Canapino confesó que sintió la presencia de su padre durante las 500 Millas de Indianápolis: “Fue muy fuerte”

Agustín Canapino fue el cuarto argentino en largar las 500 Millas de Indianápolis y el primero en hacerlo en 83 años (Prensa Juncos Hollinger Racing)
Agustín Canapino fue el cuarto argentino en largar las 500 Millas de Indianápolis y el primero en hacerlo en 83 años (Prensa Juncos Hollinger Racing)

Pasaron las horas y bajó la adrenalina para Agustín Canapino luego del desafío más grande que tuvo en su campaña deportiva, que fue su debut en las 500 Millas de Indianápolis. Fue una carrera en la que pasó de todo y a ocho vueltas del final el arrecifeño se quedó con las manos vacías debido a un accidente del que no fue responsable. Pero ello no empaña su labor que fue épica ya que, por méritos propios y variables de la competencia, llegó a estar en el podio parcial en uno de los circuitos más veloces del planeta, algo meritorio en su temporada debut en la IndyCar.

Ningún otro piloto argentino en la historia estuvo tan cerca de conseguir el mítico trofeo Borg-Warner, de 1,5 metro, estrenado en 1936 y que lleva grabada la cara de todos los ganadores de la legendaria carrera que se disputa desde 1911 a fines de mayo y que solo fue interrumpida entre 1942 y 1946 por la Segunda Guerra Mundial, y en 2020 por la pandemia de COVID-19.

En Indianápolis, Canapino largó 26° y estuvo en esa franja hasta la vuelta 170, en la que comenzó a subir en el clasificador y se metió entre los 20 primeros. En el momento del accidente estaba 14º (misma posición del único argentino que completó la prueba Raúl Riganti en 1933) y por ende había cumplido con el objetivo de su equipo, a cargo de otro argentino, Ricardo Juncos, que junto al estadounidense Brad Hollinger son dueños de la escudería que se ubica a metros del legendario circuito ubicado en la capital de Indiana. Luego de la gran labor en la carrera más importante de los Estados Unidos, Infobae habló con Agustín sobre su primera experiencia en las 500 Millas, lo que viene y la presencia celestial de su padre.

gustín Canapino revela sus sensaciones en las 500 Millas de Indianápolis y el furor que se generó en la Argentina por su presencia en la legendaria competencia

“Faltaron ocho vueltas y un cuarto. Muy poquito. Tengo un sabor agridulce. Feliz de haber corrido las 500 Millas y de la manera en la que lo hice, peleando por un lugar entre los diez mejores en el final de la carrera. Siempre estuve rápido, pero no podía concretar el avance, por distintos motivos me terminaba volviendo a esos puestos de atrás. Cada vez que relanzábamos empezaba a superar autos. La mejor parte fue en mi penúltimo relanzamiento y pude pasar un par de autos y cuando iban entrando a boxes me mantuve en pista con un ritmo bárbaro. Ahí pasé del 23° o 24° a ponerme 17° en el momento de la bandera roja por el choque de Kirkwood y Rosenqvist. Indy 500 es tanto que no es forma de explicarlo. Es una sensación única y cuando estás ahí no hay forma de explicarlo. Es todo a un nivel del extremo total. Me encontraba en una posición buena y con mejores gomas que el resto. En ese relanzamiento arriesgué, quedé 14°. Fui aprendiendo durante la carrera. El auto estaba bien y yo había ganado confianza después de tanto tiempo manejándolo. Fue el relanzamiento en el que mejor pude largar ya que en el comienzo de la carrera fue un punto que me costaba, ya que la bandera verde no se me avisaba a tiempo. No solo fuimos mejorando el auto, sino que yo también fui mejorando y todo el conjunto iba aprendiendo durante la carrera. Estábamos en el mejor momento como auto, piloto y equipo”, confiesa.

Yo pensé que estaban todos locos y realmente lo están. Es una locura total. El riesgo es altísimo. Yo me pegué un golpe leve en relación a lo que son los choques ahí y sin embargo me quedó la muñeca inflamada. Estuve shockeado por la situación. Ir a 380 km/h durante dos horas, ir buscando la perfección en cada vuelta es una exigencia enorme. Por algo es la exigencia tremenda en las 500 Millas de Indianápolis, pero es una experiencia y un desafío gigante y nunca sentí algo parecido”, dijo sobre lo que sintió al ir en pelotón durante la carrera, mientras transmite tranquilidad a sus fanáticos al asegurar que “su muñeca izquierda está bien”.

Canapino llegó a ser tercero y antes de su accidente estaba en el puesto 14º, cumpliendo el objetivo de su equipo (Prensa Juncos Hollinger Racing)
Canapino llegó a ser tercero y antes de su accidente estaba en el puesto 14º, cumpliendo el objetivo de su equipo (Prensa Juncos Hollinger Racing)

Por su participación se generó un boom y cientos de argentinos viajaron a verlo y miles lo siguieron por televisión: “No lo podía creer. Parecía una carrera de TC y los mismos pilotos no lo podían creer. El chofer que me llevó en el desfile previo a la carrera estaba enloquecido. Me decía ‘la cantidad de fanáticos que tenés, no solo argentinos sino también los latinos’. Fue impresionante y marcó lo que disfrutamos las pasiones los argentinos. Fue algo único. Y también es por lo que nos cuesta, porque con el nivel de pilotos que tenemos y hemos tenido, tuvieron que pasar 83 años para que un piloto de argentino volviera a correr en la carrera más importante del mundo. Me contaron que gente a la que ni siquiera le gusta el automovilismo se sentó a ver la carrera. No lo puedo creer. Hace seis meses corría en el TC y TC 2000. Parece una película, es muy irreal. Pero trato de no detenerme en esas cosas porque eso es lo que te marea y confunde, pero sí lo agradezco”.

Cabe recordar que el Titán de Arrecifes en toda su campaña corrió en autos de turismos de no más de 450 caballos de potencia y en su debut absoluto en autos de Fórmula supo domar los 700 “burros” y la carga aerodinámica (alerones y otros aditamentos) de coches que son “pura sangre”, es decir, concebidos para correr. Todo es aprendizaje y el corredor de 33 años ya lideró una carrera de IndyCar (una vuelta en Long Beach), que es la segunda categoría de monopostos a nivel mundial después de la Fórmula 1. En Indianápolis, Canapino corrió su segunda carrera un óvalo y la cuenta de Twitter RM Prensa apunta que el ganador de las Indy 500, Josef Newgarden, tiene más de 300 carreras en monoplazas; el 20 por ciento en óvalos.

Agustín Canapino analiza su gran presente y la experiencia extrema en las 500 Millas de Indianápolis

Para intentar explicar lo que está viviendo confía que “no tengo idea. Estoy viviendo una irrealidad total. En mi caso lo que puedo decir es que le pongo todo lo que tengo y más. Le dedico el día entero para prepararme para esto. Con mucho trabajo, sacrificio y mucha pasión. Es la primera vez que puedo manejar monopostos, pero lo estoy haciendo en la categoría más difícil del mundo en esta clase de autos. Está saliendo todo de una manera impensada por completo. Yo pensé que en la segunda carrera me agarraban y me metían en un barrilete y me devolvían a Arrecifes y sin embargo acá estamos. Quiero ganarme la oportunidad de estar un año más”.

En la IndyCar, como en todo el automovilismo, las diferencias entre las escuderías chicas y grandes pasa por los recursos económicos. Sin embargo, en la divisional norteamericana hay variables que permiten que los equipos más chicos puedan pelearles a los más poderosos. A diferencia de la F1 en la que cada team tiene un coche distinto y hay cuatro proveedores de motores, en IndyCar todos usan el mismo auto que es un Dallara IR18 y hay dos marcas de impulsores, Honda y Chevrolet. Lo que cambia es la puesta a punto de los equipos con los trabajos en la suspensión y los ajustes aerodinámicos en los alerones y otros aditamentos para permitir una mejor penetración del aire, reducir la resistencia al avance y así conseguir más velocidad. En sintonía con esto Canapino subraya que “me encanta porque la IndyCar es la máxima expresión del purismo en el automovilismo. Es la máxima exigencia para un piloto. Ni la F1 llega a este nivel de exigencia, dicho por los mismos pilotos que han corrido ahí. Mucho más para mí que vengo desde donde vengo. Por eso también estoy tratando de disfrutarlo. Me da un poco de pena que me agarre sin alguna experiencia previa. Pero es lo que me tocó y trato de darlo todo. Ojalá pueda seguir (el año próximo) y tener más posibilidades. Lo estamos intentando con un equipo con menores recursos si se toman los cuatro más fuertes, pero eso es lo que te permite la IndyCar, que un equipo sin los mismos recursos te dé la posibilidad de dar pelea”.

Emotivo abrazo de Alberto y Agustín Canapino tras la consagración en el TC en 2017 (Prensa ACTC).
Emotivo abrazo de Alberto y Agustín Canapino tras la consagración en el TC en 2017 (Prensa ACTC).

Acerca de las seis fechas corridas se tiene confianza y afirma que va por más: “Por suerte todas las decisiones que tomé siempre salieron bien. En las Indy 500 termino pegándome por una situación ajena a mí. Estoy en un proceso de aprendizaje, pero también ahora quiero salir a correr, de ser un poco más ‘Agustín’, el de siempre. Y pude hacerlo porque los autos del equipo en los óvalos van muy bien”. Aunque reconoce que “para pensar en ganar necesito años y tengo que saber que estamos en un equipo como el de Ricardo (Juncos), que es impresionante lo que hace, pero le estamos peleando a gigantes como Penske, Ganassi, Andretti y McLaren. Quizá sí pueda pelear por un top ten, que sería para mí como ganar la Copa del Mundo”.

Pese a la negativa de su padre, el recordado Alberto Canapino (uno de los mejores para la asistencia técnica de Argentina), Agustín logró convencerlo y luego de miles de horas sobre un simulador y sin haber corrido en karting, con 15 años probó un auto de la extinta monomarca Copa Mégane. Dos años más tarde logró el título de esa categoría, el primero de los 15 que logró en la Argentina: 4 de TC, 2 de TC 2000, 7 de Top Race y 1 de TC Pista. Es el segundo piloto más laureado en pista detrás de Juan María Traverso (16). Sus únicas carreras en monoplazas fueron dos en la Fórmula 3 Sudamericana en Paraná en 2011.

Agustín Canapino confiesa que sintió a su padre cerca en las 500 Millas de Indianápolis y la resiliencia tras dos frustraciones en TC a este presente de ensueño

Hace dos años Alberto falleció por COVID-19 y aún sigue muy presente en el ambiente. Fue uno de los mejores técnicos en asistencia de chasis del automovilismo nacional. Luego de su partida Agustín quedó a cargo del equipo en Arrecifes y revela su resiliencia a partir de un quinto título frustrado en el TC y esta actualidad de ensueño en su primera experiencia en el exterior de forma permanente. Además, cómo su papá lo acompañó en Indianápolis. “Estuvo cerca en todo momento, sobre todo cuando lo abracé a mi hermano (Matías, también piloto y corre en el TC Pista) antes del largar. Fue muy especial. Fue fuerte. Me pasa que estuve dos años muy triste, estuve mal. No era yo. Estaba vulnerable, raro. Encima se me juntó que en los dos años gané con comodidad la etapa regular del TC (primeras once fechas en las que los 12 primeros del campeonato se clasifican para pelear por la corona) y en las dos Copas de Oro (torneo final de cinco fechas con los 12 mejores de la etapa regular) pasaron cosas muy raras y extrañas. Situaciones que no pude controlar y que me dejaron sin campeonatos. La impotencia de perder dos títulos. Yo quería ganar un campeonato de TC para dedicárselo a mi viejo, ni siquiera por mí. Y ese puñal me quedó porque aparte fueron dos años en los que fui contundente con el equipo propio y con el equipo JP y me pasó de todo en las Copas de Oro. Y de repente me llega todo esto y quizá pasó todopor esto que estoy viviendo. No le encuentro otra explicación. Indudablemente tenía que pasar por todas esas situaciones para estar viviendo esto, veremos cómo sigue. Ojalá que no sea solo esta experiencia. Sueño con estar firme en la categoría y poder pelear cosas importantes para llegar a eso debo hacer un camino y esto está recién arrancando”.

Pero sin tiempo de descanso este domingo a las 16 vuelve a correr y será en el circuito urbano de Detroit: “Es en un callejero y todavía no nos ha ido bien en esta clase de circuitos. Tengo la posibilidad de andar un poco mejor. Si bien no tuve la posibilidad de verlo en el simulador, por lo que vi será un circuito súper complicado, donde seguramente al ser la primera vez van a pasar muchas cosas. Creo que será una carrera caótica y encima con 100 vueltas. Espero un fin de semana caótico y espero sacar ventaja de eso para sacar un buen resultado. Para alguien nuevo, mientras más situaciones raras pasen, eso puede darme posibilidades”.

Será la séptima fecha de la temporada en la primera experiencia completa de Agustín Canapino sobre monopostos y nada menos que en la IndyCar. El arrecifeño está haciendo camino al andar y, como en sus tiempos en el automovilismo argentino en los que Alberto le preparó varios de los coches con los que fue campeón, todavía lo acompaña en el mayor desafío de su campaña.

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