Cuáles son las dos condiciones necesarias para bajar la pobreza según los economistas

Si bien la cifra cayó 1,6 puntos porcentuales en comparación con el segundo semestre de 2020 y 0,3 puntos respecto del primer semestre del año pasado, aún permaneció lejos del 35,5% registrado en 2019, cuando la llegada del Covid-19 era casi imposible de prever.

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Juan Graña, economista, docente e investigador del Conicet, sostuvo que el principal límite para una reducción más significativa de la pobreza se encuentra en el mercado de trabajo. “Los hogares más pobres suelen ser más grandes y normalmente tienen inserciones laborales precarias, por lo cual sus mejoras en el nivel de vida en un primer momento no tienen que ver con una mejora de ingresos sino con que haya más miembros del hogar con trabajo o con que las changas se hagan menos eventuales”, profundizó.

En el mismo sentido, el director de la consultora EPyCA, Martín Kalos, aseguró a este medio que la baja de la pobreza no se va a dar simplemente con “subir salarios” sino “creando las condiciones propicias para generar empleo y que esos empleos paguen cada vez mejores salarios”.

Por su parte, Mara Pedrazzoli, economista del Centro Cultural de la Cooperación, remarcó que “la falta de empleo tiene su correlato en la baja de salarios” y que “el nivel de pobreza actual es un problema de tipo estructural, que no se soluciona con políticas de corto plazo o políticas monetarias que de la noche a la mañana generen incentivos para algún sector”.

“Tiene que ver con una dinámica que viene de hace años, vinculada a una economía que está estancada desde 2011, a lo cual se sumó la crisis desatada durante el macrismo, con el abandono de políticas productivas, y posteriormente la pandemia”, acotó.

Previo a la llegada del Covid-19, había cerca de 12,1 millones de trabajadores registrados en Argentina. Esa cantidad llegó a bajar a 11,7 millones en mayo de 2020, lo cual implicó una pérdida en torno a los 400.000 puestos de trabajo. Los datos de junio de este año mostraron que la merma respecto de la prepandemia se contrajo a 113.400 personas, por lo cual hasta ahora se pudo recuperar un poco más del 70% del empleo formal perdido por el Covid-19.

Sin embargo, los trabajadores informales no contaron con la misma red de contención. Según los últimos datos del INDEC sobre el mercado de trabajo, trasladados al total de la población, en el segundo trimestre de 2021 hubo cerca de 430.000 menos ocupados respecto del mismo período de 2019, una situación que se explica fundamentalmente por la destrucción de empleos precarios por la pandemia.

“La política económica pudo contener el impacto de la pandemia en el empleo privado registrado, que es el más difícil de generar. Creo que ahora las medidas deberían estar focalizadas en el segmento informal. De alguna manera el Gobierno lo está haciendo a partir de medidas como el aumento en el salario mínimo, que impacta por ejemplo en el programa Potenciar Trabajo”, señaló Pedrazzoli.

Hernán Letcher, director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), también resaltó en conversaciones con Ámbito dos políticas del Gobierno que tienden a proteger a los sectores más precarizados, como el programa Jóvenes, orientado a que los jóvenes puedan finalizar sus estudios e insertarse en el mercado laboral, y la iniciativa Registradas, que busca reducir la informalidad en el servicio doméstico.

Letcher remarcó además la necesidad de que la recuperación de la actividad que se ya está percibiendo en sectores como el comercio y la construcción sectores se refleje en más puestos de trabajo, y que rubros como gastronomía y turismo cambien la dinámica observada desde que comenzó la pandemia.

Mientras tanto, Kalos expresó que las políticas de empleo tienen que estar orientadas en dos sentidos. “Por un lado en atender las urgencias de la crisis a través de, por ejemplo, el empleo de la obra pública, que tiene un carácter muy federal. Además, se debe trabajar en mejorar la productividad de las empresas para garantizar la sustentabilidad del proceso de crecimiento del empleo. En paralelo, todos estos procesos deben ser inclusivos en materia de género y ambientalmente sustentables”, detalló.

En paralelo a los problemas de empleo, la recomposición de los ingresos de los ciudadanos argentinos encuentra un profundo escollo en los elevados niveles de inflación que vienen registrándose desde fines del año pasado. Particularmente resaltaron grandes aumentos en alimentos, lo cual impactó en los niveles de indigencia, que en el primer semestre mostraron una peor performance que los índices de pobreza.

En base a los números arrojados por el INDEC, Pedrazzoli destacó que la suba en alimentos impactó fundamentalmente en los adolescentes, en donde la incidencia de la pobreza afectó a casi el 58% ya que ni siquiera tuvieron la protección de la Tarjeta Alimentar. Además, recalcó que «los alimentos en los barrios populares son más caros que los que compra la clase media porque el almacenero se cubre más que un supermercado, que gana a través de otras actividades».

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Luego de tres años consecutivos con caídas, el Gobierno buscará que el salario real cierre 2021 con signo positivo, más teniendo en cuenta el malestar general expresado en las urnas el pasado 12 de septiembre.

En esa búsqueda, el atraso en el tipo de cambio y las tarifas vienen contribuyendo a la desaceleración de la inflación. A la par, los últimos datos del INDEC mostraron que los ingresos de los trabajadores registrados aumentaron en términos reales impulsados por paritarias en sectores como bancarios, camioneros, carne, construcción, encargados de edificios, gráficos, indumentaria, metalúrgicos, plásticos, químicos, sanidad y transporte. En el caso de los trabajadores informales las estadísticas vienen con rezago y son más difíciles de contabilizar.

En este marco, Letcher proyecta una mayor baja de la pobreza en el segundo semestre por “una inflación en alimentos más moderada, una actualización más importante de jubilaciones y AUH, sumado al incremento del salario mínimo (que sirve como aproximación de los salarios del sector informal) y los planes sociales”.

No obstante, Graña advierte que las mejoras en el mercado laboral y la desaceleración de la inflación dependen de que no haya una devaluación luego de las elecciones de noviembre.

“Si no hay grandes quilombos, entiendo que con la flexibilización de las restricciones sanitarias más la recomposición de ingresos de los sectores formales por paritarias y suba del salario mínimo, se van a ir recuperando los niveles de pobreza pre pandemia. La velocidad de esa recuperación dependerá de la velocidad de la recuperación macro, del perfil sectorial en el repunte del empleo y, después, de cuán robusto sea ese crecimiento de manera de que los mecanismos de mejora de ingresos del sector formal se reproduzcan en el informal”, pronosticó.

“La crisis actual solo es comparable con la que tuvimos entre 1998 y 2002. La lógica indica que, si Argentina empieza un camino aunque sea de rebote y recuperación, los niveles de pobreza tendrían que bajar. Sin embargo, no hay garantía de que bajen al ritmo que el país necesita ni que el camino de reducción de la pobreza vaya a durar en el tiempo. Necesitamos que haya expectativas de estabilidad macroeconómica, algo que todavía no está garantizado para nada”, alertó Kalos.

Con este escenario, hay cierto consenso en que la estabilidad del dólar y de la inflación favorecerá la generación de empleo de calidad, y que esto es condición necesaria para que la pobreza baje de los niveles actuales. A la par, en el corto plazo urge la protección a sectores informales y la oferta de oportunidades laborales para aquellos sectores apartados del sistema durante los últimos años.

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