¿Por qué los coros y las orquestas tienen un director?

Imaginemos que estamos en un cumpleaños, llega la torta y recibimos una consigna: «Arrancamos a cantar todos juntos, al mismo tiempo, o nadie come torta». No pasó nunca hasta ahora, pero puede pasar.
Seguro algún voluntario va a decir: «Yo cuento y comenzamos». En ese mismo instante, todas las miradas buscarán los ojos de este personaje y escucharán el conteo; 1, 2… Sin embargo, los invitados no van a cantar todos juntos. ¿Por qué?Dudas van a surgir y serán varias. «¿Debo empezar cuando llega la cuenta a 4? Quizás deba esperar y empezar a cantar en el lugar que ocupa el 5». Lo más probable y seguro es que suene «Q, Q, que los cu, cumplas…». Y lo peor aún está por venir: todos nos quedamos sin torta.El Feliz cumpleaños tiene un ritmo de tres tiempos, similar al de un vals. Entonces, lo correcto sería contar «1, 2, ‘Que los…'». Ahora imaginemos que esta misma indicación la hace un director a su coro u orquesta, pero sin usar palabras. ¿Qué tan fácil puede ser señalar el comienzo para dar la entrada y que todos suenen al mismo tiempo? Parece difícil pero no imposible.

El Maestro Zubin Mehta y la Filarmónica de Israel.

Una mano, una miradaEl director de orquesta tiene en su mano derecha una extensión de su brazo: una batuta, similar a una varita mágica. Probablemente sea porque algo de magia tiene. Con ella se indica cuándo un instrumentista o un grupo de instrumentistas deben sonar, y estos responden en simultáneo. Al unísono.Por otra parte, el director de coro no utiliza una batuta. La razón es simple: la distancia que hay entre el coro y el director, es decir, el espacio entre los cuerpos, es menor en comparación con la de una orquesta. Los coreutas llegan con facilidad a ver el movimiento de las manos y la mirada del director.

Daniel Baremboim con la Scala de Milan en el Teatro Colon en 2010. Foto Roberto Ruiz

La función básica de un director de orquesta es marcar el pulso de la música. Imaginen una persona sin latidos: ¿vive? En música pasa lo mismo. El pulso son esos latidos que marcamos inconscientemente con el pie o con las manos al escuchar una canción.No importa si una persona dirige una orquesta o un coro, la técnica de dirección es similar: con una mano se van contando los tiempos y, con la otra, se puede indicar el momento exacto en que los instrumentistas o cantantes deben comenzar a tocar, es decir, les da su entrada.Además, esta persona parada de espaldas al público, con sus gestos, indica a los instrumentistas si la música debe sonar forte o piano, o sea, fuerte o suave; rápido o lento. Este sería el nivel básico a la hora de dirigir.¿Es lo único que hace? Por supuesto que no. Generalmente, a esta persona se la llama «maestro/a». El motivo es evidente: es quien se encarga de enseñar la obra y de planificar un ensayo para que la música sea aprendida de principio a fin.

El Coro Kennedy. El director no lleva batuta, hace indicaciones con la mano. Foto Lucía Merle

En los elencos profesionales, la función va más allá de aprender la obra. Un violinista o un flautista de una orquesta profesional puede y debe estudiar por su parte en su casa, pero, igualmente, cuando llega el ensayo, hay que unificar criterios, y alguien debe hacerlo.En una partitura puede aparecer una indicación para tocar fuerte o suave, pero… ¿qué tan fuerte? ¿Qué tan suave? O si aparece la indicación «acelerar» o «rallentar», ¿qué tanto debemos aumentar o disminuir la velocidad de interpretación?Por último, el director es el primer jurado y el primer espectador ante el cual se enfrenta una obra. Desde el lugar que se ubican los músicos, ya sean instrumentistas o cantantes, es difícil tener una imagen sonora del resultado global de la obra. Para eso, el director está de frente a todo el grupo.

El Maestro Gustavo Dudamel, de Venezuela, dirige la Orquesta Filarmónica de Viena durante un concierto en el Teatro Colón, en 2018. Foto Arnaldo Colombaroli

El día anterior al uso de batutasLa razón por la que se implementaron las batutas tal como las conocemos en la actualidad fue la seguridad del director. Sí, para resguardar su salud e integridad física.En el siglo XVII, el rey Luis XIV de Francia contrató a un director llamado Jean Baptiste Lully. Este hombre, a la hora de dirigir una obra, usaba una pesada barra de hierro, alta, similar a un bastón.Con esta herramienta golpeaba el suelo marcando el pulso de la música. Esto generaba un ruido realmente molesto hasta para el público.Pero un día, fue la muerte la que golpeó la puerta del Lully, y este se dio con la barra de hierro en uno de los pies. Las condiciones de higiene de la época y del Palacio de Versalles no eran de lo más adecuadas según nuestros estándares de hoy en día.La herida se le infectó a los días siguientes y, a pesar de que la pierna del director fue amputada, la infección se generalizó y Lully murió a los tres meses.PC

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