¿Qué tiene la escritora argentina Mariana Enriquez, que gana premios y da miedo en el mundo?

Niños en riesgo y de los que dan miedo. Personajes femeninos que pueden ser tanto víctimas como perpetradoras de los horrores más macabros. El extrañamiento de ser padre ante un bebé que resulta demandante. Chicas que se arrancan las uñas, el pelo. Mujeres que deciden quemarse a sí mismas como respuesta extrema y viral a la violencia machista. Rock. El petiso orejudo. Sexo. Silvina Ocampo. Un monstruo en lo del vecino. Maradona. Magia negra. Sensualidad. Demonios. Un ataque de pánico o una posesión. Deseo. Brujería. Grupies. Aislamiento en general y obsesiones en particular. Desamor, celos, amor. Ritos. Oscuridades. Supersticiones rurales y la fabulosidad o sordidez de las grandes ciudades. Marginalidad, clases altas. Casas encantadas. Fantasmas. Apagones programados por el gobierno, crisis económicas, dictadura militar. Sectas. Eso es solo el pico de la punta del iceberg de lo que es la obra de Mariana Enriquez.
Esa obra que comenzó a salir al mundo en 1995, cuando ella tenía 19 años y escribió su primera novela, Bajar es lo peor, una historia de amor y amistad atravesada por cierta ansiedad existencial y acompañada de drogas, alcohol y rock.Y que sigue construyendo, sobre todo en literatura, aunque también en periodismo y  en el interesante mix en donde cruza ambos mundos.Ahora Enriquez -así, sin acento- entró por primera vez a la breve lista de los finalistas del Premio Booker Internacional, que es una selección de seis libros traducidos al inglés.El premio, que se define el 2 de junio, son 50 mil libras (cerca de 68 mil dólares) que se reparten equitativamente entre el autor y el traductor. La autora y la traductora -la estadounidense Megan Mc Dowell- en este caso.

«Los peligros de fumar en la cama», de Mariana Enriquez, en inglés: «Dangers of smoking in bed».

La obra en cuestión es The Dangers of Smoking in bed, el primer libro de relatos de Enriquez. Los peligros de fumar en la cama es una pequeña joya que transita entre el humor negro y el espanto, la crudeza y la bestialidad, la ternura y el morbo, a lo largo de doce cuentos que reinventan, o redescubren, el modo de hacer terror local –acá, al sur del mundo en castellano- para hablarle a lo global, como queda comprobado con esta nominación.La primera edición en la Argentina fue en 2009, pero no sacudió al mundo. Sí se volvió rápido en un fetiche para los fans del terror y un libro casi de culto, porque al poco tiempo resultaba inconseguible por su poca difusión y tirada.Hasta ese momento, Enriquez era autora de dos novelas, la celebrada Bajar es lo peor (que se reeditó en 2013) y Cómo desaparecer completamente (de 2004).En estas dos historias usa elementos del género, pero no son de horror. Ahí, la autora ensaya, coquetea y se acerca nomás. Pero su primer chapuzón a la pileta macabra lo dio con sus cuentos.Cuentos oscurosLos relatos que abren y cierran la compilación que podría obtener uno de los premios internacionales más prestigiosos son casi graciosos, pero oscuros. El primero, El desentierro de Angelita, es desopilante y tristísimo. El último, que da título al libro, es una pieza casi poética con humor mordaz, tan cotidiano y empático, que deja a quien lee preguntándose en plena angustia de qué se ríe.En el medio, otros lujos: fantasmas, mitos urbanos, niños macabros, sacrificios, aparecidos, fanáticos y todo un repertorio inquietante de erotismo turbio y horror posible.Los peligros de fumar en la cama fue reeditado en 2017. Un año después del súper éxito de su segundo libro de cuentos, Las cosas que perdimos en el fuego, que se publicó en cerca de 20 países y se tradujo a más de 15 idiomas.Ese mismo que en el verano de 2020 alabó con énfasis Patti Smith en su cuenta de Instagram. “Esto es lo que estoy leyendo, cuentos de la talentosa escritora argentina y periodista Mariana Enriquez”, puso en su post junto a la típica imagen de un café, un cuaderno de notas y el libro en cuestión, y reseñó así: “Su trabajo: ríos contaminados, calles corruptas, carne arruinada, niños asesinados, un registro profundo del horror de lo común, lo conocido. Ella escribe sus historias, basadas en la atmósfera de lo real, con un giro poético oscuramente descriptivo. ¿Y qué estamos perdiendo todos en el fuego? Vidas humanas, especies, bosques, el zapato de un niño pobre, la querida muñeca de una niña”. A Enriquez siempre le fue bien con su literatura, pero el recomienzo enorme, global, lo obtuvo con este, su último libro de relatos. Aunque siempre, desde antes, en el durante, y también después – en lo que sea que vendrá- ella cuenta el presente, habla del mundo, los horrores humanos. Desde un género muchas veces considerado menor, pero entendiendo que no lo es. Apenas corrida de la norma, un poco torcida de lo evidente. Con una extrañeza sobre lo cotidiano que crece a lo largo de su obra hasta ser, sí, tan horrorosa como hipnótica.Además, publicó los ensayos Mitología celta (2007), la biografía La hermana menor, un retrato de Silvina Ocampo (2014), la compilación de crónicas Alguien camina sobre tu tumba: Mis viajes a cementerios (2013), la nouvelle Este es el mar (2017), los dos cuentos largos reeditados como novelas cortas Chicos que vuelven (2011) y Ese verano a oscuras, el libro de columnas El otro lado. Retratos, fetichismos, confesiones (2020) y más.Entre otras cosas, entre muchos cuentos en antologías, además de los sueltos que todavía buscan libro, pero que aparecen tal vez en alguna web, como un regalo inesperado.A partir de su obra se puede ir armando el mapa de cómo el terror, cada vez más, es la corriente literaria con mayor realismo. Por eso, si se pudiera reducir su estilo en un género, acotarlo a una definición, debería ser “realismo gótico”.La novela de terrorY ahí calza perfecto su primera novela de terror, Nuestra parte de noche (2019). Hay poesía, no solo en el título que homenajea un verso de Emily Dickinson sino también en la belleza que encuentra para mostrar lo más macabro.Además, hace propio algo característico de Lovecraft, que es crear una mitología para explicar la existencia del mal, un mal al que algunos humanos recurren para adquirir un beneficio, aunque luego no les vaya bien siempre. En este caso, Enriquez recurre a historias de nuestro litoral, y las lleva incluso a Inglaterra y hasta las cruza con David Bowie.A través de la historia de varias generaciones de una familia atravesada por la idea de la oscuridad como un poder, se centra en la relación de un padre y su hijo, ambos con ciertos dones especiales, y el amor-odio, el cuidado-daño que hay entre ellos. Un poco como en El resplandor, de Stephen King, autor al que Enriquez homenajea claramente en muchos otros pasajes de esta novela que tiene también algo de Ojos de fuego, It y hasta de El cuerpo (la nouvelle en la que se basó la película Cuenta conmigo).Pero lo que une todo, lo que subyace y destaca –y en donde radica el mayor y mejor homenaje a King- es en cómo Enriquez teje a lo largo de su historia épica y oscura los vínculos, y el modo en que pone el terror en lo humano, aunque haya elementos sobrenaturales.De ese modo, sin decirlo literalmente, habla de política, reflexiona sobre la maldad y la bondad del mundo y pone de frente un escenario reconocible donde lo que da más miedo es lo posible, lo cotidiano.Y claro, entonces en 2019 Nuestra parte de noche ganó el Premio Herralde y en 2020 se llevó el Celsius a la mejor novela de ciencia ficción, terror o fantasía escrita en español que otorga la Semana Negra de Gijón.Y por supuesto, ahora The Dangers of smoking in bed está en la lista corta del Booker. El jurado dijo, entre otros motivos para seleccionarla, que Enriquez “utiliza a sabiendas los tropos de la historia de terror, la historia de fantasmas e incluso la ficción pulp para pensar en el doloroso pasado de Argentina”.Y bueno, ya era hora. Es muy merecido que por fin sea ella, la reina local del género, que sin embargo va mucho más allá, la que hable para quien quiera oír. Y que se oiga.El desentierro de Angelita (fragmento)A mi abuela no le gustaba la lluvia y antes de que cayeran las primeras gotas, cuando el cielo se oscurecía, salía al patio del fondo con botellas y las enterraba hasta la mitad, todo el pico bajo tierra. Yo la seguía y le preguntaba abuela por qué no te gusta la lluvia por qué no te gusta. Pero ella, nada, evasiva, con la palita en la mano, frunciendo la nariz para oler la humedad en el aire. Si finalmente llovía, fuera garúa o tormenta, cerraba puertas y ventanas y subía el volumen del televisor hasta tapar el ruido de las gotas y el viento –el techo de su casa era de chapa–, y si el aguacero coincidía con su serie favorita, Combate, no había quien pudiera sacarle una palabra porque estaba perdidamente enamorada de Vic Morrow. Yo adoraba la lluvia porque ablandaba la tierra seca y permitía que se desatara mi manía excavatoria. ¡Qué de pozos! Usaba la misma pala que la abuela, una muy chica, del tamaño que usaría un niño para jugar en la playa, pero de metal y madera, no de plástico. La tierra del fondo albergaba pedacitos de botellas de vidrio color verde, con los bordes tan lisos que ya no cortaban; piedras suaves que parecían cantos rodados o pequeñas rocas de playa, ¿por qué estarían en el fondo de mi casa? Alguien debía haberlas sepultado. Una vez encontré una piedra ovalada, del tamaño y color de una cucaracha pero sin patas ni antenas. De un lado era lisa, del otro unas muescas formaban los claros rasgos de una cara sonriente. Se la mostré a mi papá, enloquecida porque creía encontrarme ante una reliquia, y me dijo que las marcas formaban un rostro de casualidad. Mi papá nunca se entusiasmaba. También encontré dados negros, con los puntos blancos ya casi invisibles. Encontré restos de vidrios esmerilados verde manzana y turquesa. Mi abuela se acordó de que habían sido parte de una puerta vieja. También jugaba con lombrices y las cortaba en pedacitos bien chiquitos. No me divertía ver el cuerpo dividido retorciéndose un poco para al final seguir adelante. Me parecía que si picaba bien a la lombriz, como a una cebolla, sin dejar contacto alguno entre los anillos, no iba a poder reconstruirse. Nunca me gustaron los bichos.PK

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Escuchá Fm Salto Encantado

Artículo anteriorMaduro exhibe sus ‘dotes’ con la espada samurái tras regalarle una Steven Seagal
Artículo siguienteEl Pentágono rastrea un cohete chino fuera de control que regresa a la Tierra