¿Nos estamos pasando de rosca con la corrección política? Tres escritores dan ejemplos preocupantes

Hagamos la prueba por unos minutos e imaginemos que sacamos de todas las bibliotecas todos los libros que hablen de pasiones humanas, ¿con qué nos quedamos?
¿Qué pasaría si se prohibiera la lectura de la obra del filósofo Michael Foucault tras las acusaciones de abuso sexual a menores que hace pocos días realizó Guy Sorman? O si dejáramos a un costado Lolita, de Vladimir Nabokov, o las películas de Woody Allen y Roman Polanski, y la lista sigue.Sobre estos interrogantes -y varios más- se reflexionó en la charla ¿Estamos en la pandemia de la corrección política?, de la que participaron la escritora y crítica Elsa Drucaroff, el escritor Enzo Maqueira y el escritor y matemático Guillermo Martínez, coordinados por el ensayista y escritor Alejandro Horowicz, en la segunda edición de la Feria de Editoriales y Librerías (FELBA).

Michel Foucault, acusado de pederastía. Foto AFP

“Buenas tardes a todas, a todos, a todes. Esto también es parte de la corrección política”, dijo Horowicz para dar inicio al debate. Minutos después de las 18 y con el auditorio lleno, Duracroff fue la primera en exponer -convinieron que fuera por orden alfabético.Mientras se sacaba el barbijo, dejó un interrogante flotando en el aire: “el tiempo de la corrección política es algo definitivamente malo para el arte pero, ¿es necesariamente malo para la sociedad?En su exposición, la escritora argentina hizo hincapié en lo dañino de la aparición de “les censores” -aun en ideologías feministas, de las que dijo estar adherida- que levantan el dedo señalando lo políticamente incorrecto de una obra, dejando de lado la libertad de la creación artística y dio ejemplos como Lolita, de Vladimir Nabokov, Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski o Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline, entre otros.También Borges y CortázarLa corrección política no es un fenómeno nuevo, según Drucaroff. En los años ‘60 y ‘70, las obras se miraban de acuerdo a si tenían mensaje revolucionario o si mostraban las luchas de clases, la opresión y las miseria social.¿A quiénes se despreciaba en aquellos años, entonces? A Borges y a Cortázar, según comentó la crítica argentina. La diferencia reside en la dimensión del escándalo y lo que lo genera. Lo que cambió, para Duracroff, es que “hoy hace mucho lío porque tiene que ver con las mujeres, con la opresión de género y que hay algo que produce odio en eso.” Sin embargo, hay ambigüedad.Hay un goce enorme en cancelar Elsa Drucaroff¿Qué hacer frente a un tango como “34 puñaladas, de Edmundo Rivero? Es una canción extraordinaria musicalmente pero finaliza así: Y luego, besuqueándole la frente / con gran tranquilidad y amablemente / le fajó treinta y cuatro puñaladas. La escritora reflexionó sobre una sensibilidad distinta en los tiempos que corren. “Lo políticamente correcto, cuando funciona como censura o autocensura es tremendo pero, al mismo tiempo, genera sensibilidad sobre conflictos, ni empatía, ni solidaridad. No tiene la misma llegada dañina. Es un buen efecto pero lo que me parece un mal efecto es salir a prohibir”. Y concluyó: “Hay un goce enorme en cancelar”.Enzo Maqueira también fue contundente. “Pensar en cancelar obras es una estupidez tan grande que ni vale la pena ponerse a pensar en eso”, consideró. Y profundizó sobre cómo los debates feministas, el auge de la militancia, la hiperideologización y la idea de juventud en la sociedad influyeron para pensar en la corrección política en la actualidad.Consecuencias indeseadas“Es una consecuencia indeseada de una batalla cultural deseada”, dijo el escritor y señaló que existe un intento de algunos grupos por conquistar la realidad a través del lenguaje, que no permite detenerse en la reflexión, pero que el mayor problema es que los hechos estén nombrados, que aparezcan. Ofreció dos ejemplos esclarecedores.Por un lado, Maqueira recibió la crítica de parte una alumna “feminista, de izquierda, de una disidencia” – como él la difinió- por haber dado de leer a la clase Esa mujer, de Rodolfo Walsh.La crítica estaba basada en que era un texto que hablaba del cadáver de una mujer y su sexualización. “Hay una discusión en si nombramos algo y cómo pero ¿estamos generando un cambio de algo?”, reflexionó el escritor.La incorrección política tan necesaria y tan rica para pensar hoy es patrimonio de la derechaEnzo MaqueiraTambién contó que en Estados Unidos los profesores en las universidades están obligados a avisar a los alumnos que van a leer algo que los puede perturbar. “Lo que me preocupa es que estamos educando con el pensamiento de a quién voy a molestar. No hay una manera más efectiva de anular el pensamiento que esa”, dijo. La autocensura como modo más peligroso para crear.¿Quiénes son políticamente incorrectos hoy? Para Maqueira, Trump, Milei, Viviana Canosa y Bolsonaro. “La incorrección política tan necesaria y tan rica para pensar hoy es patrimonio de la derecha”.Y que la censura, contrariamente a lo pensado, viene de la sociedad misma y no de las instituciones. ¿Separará la obra del artista y cancelará a Federico Fellini o Woody Allen? No, “no pasarán”, cerró el escritor con un tono optimista.“Todos estamos de acuerdo que la corrección política es mala para el arte”, dijo Guillermo Martínez, que no ve un panorama optimista. Su reflexión pasa por el plano de la vida cotidiana y en cómo desarticular los mecanismos de autocensura. Pero, ¿cómo aparece esto en la realidad concreta? De maneras más sutiles“Los escritores tenemos derecho a los personajes desagradables”, expresó el escritor y recordó a Ariana Harwicz cuando, a principios de este año, su cuenta de Twitter fue bloqueada por twittear el título de su novela Matate, amor. Al respecto, Harwicz supo declarar a Clarín que “la corrección política genera un arte infame”, cuestión que Martínez consideró importante defender para no teñir todo de un gris uniforme. Se nos empieza a vaciar la biblioteca.Está la idea de que la sexualidad masculina es agresiva y que hay que ocultarla o taparlaGuillermo MartínezEl autor de Los crímenes de Alicia ejemplificó con situaciones concretas que vivió en el último tiempo los mecanismos sutiles de la corrección política. Con esta última novela, el matemático -ante la consulta de un traductor – tuvo que argumentar toda una mañana sobre por qué había hecho hablar a uno de sus personajes sobre los suicidios de jóvenes japoneses en Oxford.¿Qué había de incorrecto? Especificar que eran japoneses. Aunque efectivamente los casos de suicidios eran de estudiantes japoneses en Oxford por obtener calificaciones bajas, poner su nacionalidad era incómodo y podía generar problemas.También recordó otra experiencia en la Universidad de Virginia. Allí, había dado a sus alumnos -futuros profesores de Literatura- el texto de Mempo Giardinelli Luna caliente, en el que hay una violación seguida de muerte. Quisieron que lo retirara de la currícula y hasta una alumna dijo que iba a presentar cargos en su contra.
Las librerías francesas bienpensantes eligen libros que se asocian a su ideología. No a la reflexión, la impostura del campo del Bien no quiere pensar, en realidad desprecian los libros. Si hay uno que juzgan incorrecto, tapan el título. Las editoriales antisistema son el futuro.— Ariana Harwicz (@ArianaHar) March 26, 2021

Esta cuestión la define como “un deslizamiento de lo deseable a lo obligatorio”. A su vez, se trata de una cuestión de puritanismo, consideró el escritor, de creer que se puede separar a las personas y extirpar la sexualidad de la representación literaria.O como cuando revisaron para la traducción al alemán de La muerte lenta de Luciana B. y realizaron una observación sobre la línea donde el narrador hace un comentario ofensivo sexualmente. De esta forma, el personaje quedaba fuera de la corriente actual, como antipático.Martinez postuló que “es algo que trae la lucha feminista, cuyo problema es que se trasladen las luchas a todos los ámbitos”. Hay una juventud del movimiento feminista, un rejuvenecimiento, y dentro de esas ideas está que la sexualidad masculina es agresiva y que hay que ocultarla o taparla”.Cayó la noche y el escenario montado en el auditorio de FELBA apenas se veía. Volvamos a imaginar que sacamos todos los libros de la biblioteca. ¿Qué nos quedaría? Una Caperucita Roja y un lobo que la acompaña a lo de la abuelita y no se le ocurre desnudar los dientes en ningún momento, que amasan pan, según Martínez.Escenas delirantes- como dijo Drucaroff- en las que no se lee, «cancelando la pronunciación de algo”.PK

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