A unos 130 años desde su fundación, la Unión Cívica Radical intenta recuperar el protagonismo de otros tiempos. Tal vez por la decisión de su delegado en la conformación de Cambiemos, Ernesto Sanz, que eligió retirarse virtualmente de la política apenas arregló con el PRO y la Coalición Cívica, hasta ahora al radicalismo le había tocado viajar en el asiento del acompañante. Pero ahora, algunos creen que es el momento de tomar el volante, aunque ningún dato objetivo ni encuesta de intención de voto avale ese deseo.

“Es tiempo del radicalismo”, dijo el titular del Comité Nacional del partido, Alfredo Cornejo, desde Mendoza. Y por las dudas, se anotó en la carrera. “En 2023 me imagino compitiendo por la candidatura a Presidente”, anunció el ex gobernador mendocino, aunque, fiel al estilo partidario, aclaró que no había otra manera que seguir unido a sus aliados: “El peor pecado sería dividirnos. Yo me veo en ese rol, pero no me veo ‘guerreando’ por un candidatura que no sea en unidad”.

El mensaje no es casual. En medio de una furiosa batalla entre los líderes del PRO y la Coalición Cívica, Mauricio Macri y Elisa Carrió, los radicales intentan llevar agua para su molino. La ex diputada dijo que no iba a hablarle “nunca más” al ex presidente, por un desplante que había sufrido. Por eso, por primera vez, sienten que se abrió un espacio para dejar de ser espectadores, cuya única ambición era el reparto de cargos. Van por todo.

El inconveniente que tendrá el centenario partido es que no hay una figura que sobresalga del resto. Son muchos los radicales que sienten que tienen los pergaminos para ser ungidos por Juntos por el Cambio. Desde Córdoba aparece Mario Negri; de Jujuy, Gerardo Morales (a pesar de haber apoyado el impuesto a las riquezas); y Cornejo y Sanz de Mendoza. A ellos, se le suman Facundo Manes y Martín Lousteau que podrían configurarse como candidatos en dos distritos clave: la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. En la Capital Federal, los hilos que pueda tejer el eterno operador Enrique “Coti” Nosiglia pueden ser definitivos para la conformación de la coalición: no es fácil acomodar las piezas cuando tantos dirigentes sienten derecho a competir.

Estrategia. Para evitar que el PRO se los engulla nuevamente, el radicalismo debe hacer pie en las elecciones de medio término. Por eso se preparan para el primer desafío: el objetivo es ser cabeza de lista de Juntos por el Cambio en la mayor cantidad de provincias posibles. Quieren un piso de 15 y aspiran a un techo de 20 distritos. Un plan ambicioso.

Si ese primer paso es exitoso, sería una catapulta hacia el objetivo final: 2023. Eso sí, no son nada inocentes y entienden que ni Macri ni Horacio Rodríguez Larreta les harán las cosas fáciles. El alcalde porteño viene tocando bocina para que nadie se cruce a su paso y es una amenaza tanto para los radicales como para el líder del PRO.

Por esa razón, el guiño de Macri a Cornejo fue interpretado como un mensaje hacia las entrañas del espacio que él creó, más que a la coalición que volvió al llano. En su reaparición pública, hace un mes atrás, el ex presidente elogió al ex gobernador de Mendoza, quien había sido muy crítico de su gestión. Fue su manera de llamarle la atención a Larreta y avisarle que en la línea de largada son muchos los dirigentes alineados para competir.

A un año de las elecciones, las tentaciones de los radicales son muchas. Negri recibió encuestas cordobesas que lo ubican como uno de los dirigentes con mayor imagen positiva, incluso por encima del gobernador Juan Schiaretti, por lo que su incursión en la patria chica podría ser su manera de bajarse de la contienda nacional. Mientras tanto, Morales prepara su jugada con una serie de ataques más fuertes al ex presidente, cuya actitud puso en duda: “Cumplió un ciclo. Ahora no le hace bien al PRO ni a Juntos por el Cambio”, lo sentenció. Por su parte, el más moderado es Sanz ya avisó que no cuenten con él para las elecciones legislativas.

En el escenario actual, el radicalismo se transformó además en un faro al que todos intentan subir. Con los otros espacios de la coalición opositora en pleno estado de ebullición, el centenario partido es una estructura firme a la que aferrarse. Se acercan desde Larreta a Margarita Stolbizer, quien volvió a mostrarse con dirigentes de la UCR. No es momento de quedarse afuera.

Díscolo. La mayor herida que tiene el radicalismo como espacio opositor es que el dirigente que porta el apellido más emblemático está del otro lado de la vereda. Nadie desconoce que Ricardo Alfonsín podría haber sumado su prosapia a la causa, pero el hijo del ex presidente que restauró la democracia eligió el camino del Frente de Todos.

Desde la Embajada de España, “Ricardito” dispara con munición pesada contra la oposición. En la última manifestación, la del 8N, los criticó: “Marchan porque perdieron las elecciones”.

Sin embargo, ninguna declaración del hijo díscolo provocará que el radicalismo baje el busto de Raúl Alfonsín. De hecho, el nombre del ex presidente sigue siendo invocado por la oposición para mostrar los lineamientos que debe seguir la democracia. El 30 de octubre, cuando se cumplían 37 años de la victoria de la UCR, Negri se emocionó homenajeándolo en la Cámara de Diputados: “Lo que estaba en juego era tener un lugar, una nación donde vivir”, aseguró.

Para 2023 falta mucho, pero el tiempo pasa rápido. Si el radicalismo quiere dejar de ser un sostén en el Parlamento y vover a ocupar la Casa Rosada, deberá mover las fichas adecuadas.

Saben que la gestión de Fernando de La Rúa, que todavía está latente en muchos votantes, los dejó gravemente heridos, pero las esperanzas se renuevan. En la recomposición de la oposición, los discípulos de Leandro N. Alem buscan liderar el espacio con el objetivo final de volver a Balcarce 50, pero esta vez como protagonistas, no como meros actores de reparto.

Recambio.

Si Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal deciden que su futuro está en la Casa Rosada, la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires necesitarán nuevos candidatos. Allí están depositadas las esperanzas de Martín Lousteau y de Facundo Manes, que sueñan con el desembarco radical en los dos distritos más importantes del país. Sin embargo, la aspiración de los dos dirigentes genera ciertos resquemores en el centenario partido. Es que muchos desconfían de sus intenciones: “Juegan para ellos, no para la UCR”, dice una fuente del espacio. Otros, sin embargo, no se fijan tanto: creen que si Lousteau y Manes tienen posibilidades de quedarse con los distritos y están afiliados, habrá que acompañarlos desde cada comité. Después de haber sido apenas actores de reparto, algunos radicales sienten que es momento de volver a las primeras filas, como sea.

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