“Vi objetos hechos con piel humana”: lo que contó Victoria Ocampo de los juicios de Nuremberg

Primero en forma de cartas, luego en un ensayo titulado Impresiones de Nuremberg, que se publicó en Soledad Sonora, cuarto tomo de los Testimonios, Victoria Ocampo contó sus percepciones sobre los juicios que el 21 de noviembre de 1945 marcaron un hito indeleble en la memoria del mundo. Los cuatro países aliados, vencedores en la Segunda Guerra Mundial -Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Rusia (ya era la URSS)- sentaron en el banquillo de los acusados en Nuremberg a los jerarcas nazis. De ese hito para el derecho penal internacional y para toda la humanidad se cumplen 75 años.
Los juicios de Nuremberg -la ciudad fue elegida por ser un fuerte símbolo de los monumentales actos de Hitler- comenzaron con una intervención histórica de Robert Jackson, el fiscal que EE.UU designó como acusación. El funcionario destacó el 21 de noviembre de 1945 que el sentido de esos procesos era condenar a los responsables de una barbarie que no debía repetirse.Había pocas probabilidades que desde el remoto hemisferio sur llegara un corresponsal a esa Europa hecha escombros. Pero el British Council invitó a un grupo de observadores internacionales y, por sus contactos, la mecenas argentina Victoria Ocampo estuvo entre los elegidos.Las fotos sí son horribles. Montañas de anteojos tirados. Bolsas de pelo de mujer. Los desperdicios de la jabonería: cabezas cortadas y scalpées (sin cuero cabelludo). Mujeres desnudas corriendo. Chicos llorando. Mal rayo los parta (a los nazis).Victoria OcampoVictoria estuvo en Nuremberg en junio de 1946, es decir siete meses después de iniciados los juicios que concluyeron en septiembre de ese año. Presenció varias jornadas, vio a Alfred Jodl, Joachim von Ribbentrop, Rudolph Hess y a Göring entre los acusados de la más alta jerarquía nazi, estuvo en los lugares donde el nazismo realizaba sus actos multitudinarios y escribió.Entre el estilo de las cartas que Victoria envió en 1946 a Angélica y Pancha, sus hermanas menores, y el de Impresiones de Nuremberg, publicado en 1950, hay diferencias palpables. Las misivas están escritas en forma coloquial, con cierto aire frívolo, como quien tiene tanto para contar que apenas enumera los horrores. Pero su ensayo literario, publicado cuatro años más tarde, está atravesado por la decantación del tiempo al narrar aquel horror.Ocampo llegó a Nuremberg en un avión militar, luego de un largo viaje desde Buenos Aires, durante el que fue palpando las necesidades creadas por la posguerra.

Juicios de Nuremberg. Hermann Goering, entre los acusados. Foto AP

Viajó hacia Europa en el Queen Mary, que de trasatlántico se había convertido en un convoy de tropas. Enterada del racionamiento alimentario existente en el viejo continente llenó sus maletas con azúcar, jabones, conservas, chocolates y café. Y todo lo repartió entre conocidos y amigos, incluso lo regaló a las empleadas de los hoteles donde se alojaba. El duro tiempo de la posguerra la sobrecogió.La mirada de sus cartas es la de una viajera que se asoma a distintas situaciones en un mundo destruido que se reconstruía poco a poco. Por eso en sus cartas vuelve una y otra vez sobre una idea que la atormentaba: la decadencia de Europa.La primera carta de Victoria Ocampo, fechada en Nuremberg el 5 de junio de 1946, relata: “Después del almuerzo (que no comí) entramos en la sala del Trial (juicio). De un lado los acusados en dos filas. Enfrente los jueces: en el medio el que está declarando y el que interroga (abogado defensor); a un lado el regimiento de los traductores. Al lado mismo de Goering, un soldado americano espléndido, con un modelito que me gusta mucho [dibujo del soldado] como una estatua de buena carne fresca. Todo el mundo está de acuerdo para decir que Goering tiene mucho cran (agallas)…” Todas las cartas de Victoria Ocampo -matizadas cuando puede con sentido del humor- mezclan palabras en inglés y francés. El español no fue su lengua materna.

Victoria Ocampo en los juicios de Nuremberg: la página en que dibuja a un soldado estadounidense.

Continúa narrando sus percepciones: “Me impresionó mucho la seriedad con que se están haciendo las cosas […] En cada asiento hay como unos receptores que te pones en el oído y sintonizas el idioma que quieras. ¡¡Este adelanto en medio de una ciudad en ruinas!!…”Al día siguiente, ya recuperada del largo trasiego desde el Reino Unido en un avión militar que se sacudió violentamente, Ocampo comparte su mirada sobre el funcionamiento del Tribunal y la ciudad: “Nuremberg está en ruinas. Dicen que hay todavía 70.000 personas metidas bajo los escombros. La comida, horrenda. Nuremberg es zona americana. Ayer vi una naranja, de lejos. En la mesa de soldados americanos. Creo que había una manzana también….”De anécdotas así sencillas se van desprendiendo otros detalles sobre lo que la observadora argentina no cuenta: la escasez, el racionamiento, la miseria de los alemanes sobrevivientes, su aversión a los norteamericanos y el clima en el Tribunal: “Hoy lo van a cross examine (someter a un careo) a Jodl. Creen que Jodl es de los que se salvarán (fue el general que firmó la rendición incondicional de Alemania). Mal rayo lo parta! Goering, sonriente. Hess parece un mono enfermo en una jaula. Todos muy désenflés (desinflados)…”Escalofriante Resulta escalofriante el modo descarnado en que describe los objetos que los nazis hicieron con partes humanas y que se exhibieron en los juicios: “Me mostraron el abat jour (pantalla) de piel humana (se ven los pezones) y otros pedazos de piel igualmente humana pero no preparada como la del abat jour. No me hizo impresión. La cabeza reducida (como la de los indios del Amazonas) tampoco. […] Vi el jabón (hecho con grasa humana). Me propusieron olerlo, pero no acepté”. Y deja perplejo al lector cuando agrega: “Las fotos sí son horribles. Montañas de anteojos tirados. Bolsas de pelo de mujer (siete mil kilos aquí, siete mil allí). Los desperdicios de la jabonería: cabezas cortadas y scalpées (sin cuero cabelludo). Mujeres desnudas corriendo. Otras que van a fusilar. Chicos llorando. Mal rayo los parta (a los nazis). Y qué tupé tienen todavía”.Son crónicas muy personales y subjetivas, donde el tono liviano de la escritura epistolar es capaz de hundirse como un afilado cuchillo en esas atrocidades imposibles de comprender. Y se advierte que a medida que conoce y toma conciencia de los horrores del nazismo, su perplejidad también crece.

El Holocausto. Los crímenes por los que se juzgó a los nazis.

Gracias a su amistad con el juez norteamericano Francis Biddle accedió a documentos y films que la sumergieron en los crímenes del nazismo y le dejaron las impresiones imborrables que volcó luego en Impresiones de Nuremberg.En una carta posterior, cuando ya había salido de Alemania, dirigida a escritor José (Pepe) Bianco, Victoria describe la experiencia de Nuremberg como “apasionante y desagradable”.Al ampliar el relato compartido con sus hermanas, la ensayista dice: “Vi films espantosos y objetos fabricados con piel humana. El ambiente de la ciudad es siniestro. Le tout (todo) parece cosa de pesadilla. Los acusados no dan lástima”.Entre ese mar de percepciones que se le amontonan, Victoria Ocampo describe: “No hay títere con cabeza en Nuremberg. Fuimos a ver el famoso anfiteatro donde hacia sus grandes payasadas Hitler. Es impresionante ver cómo les mauvaises herbes (los yuyos) lo han invadido ya. Subí hasta el sitio desde donde pronunciaba sus discursos…(esa gran escalinata). Resulta que es mampostería”. Una y otra vez vuelve sobre una cifra que la horroriza: las 70 mil personas “sin enterrar o enterradas en forma salvaje” bajo los escombros de Nuremberg.Victoria Ocampo no se detuvo a seleccionar las cartas que escribía. Registró todo lo que pudo y lo envió a sus hermanas para que ellas guardaran todo ese material. Eso le permitió con el tiempo volver a la idea que la obsesionaba: el derrumbe de Europa. Aunque, con su vital entusiasmo, apostó al renacer del mundo civilizado y vio en Estados Unidos “el mundo del futuro”.PK

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