Julián López: la poesía como destino imparable de toda escritura

“Qué era, entonces, la belleza/ un hilo que me ataba la mirada/ a lo que habías visto/ a lo que habías querido”, se pregunta un nostálgico Julián López en el comienzo de su libro Meteoro, en cuya tapa el animé japonés de los años 70 conduce directamente a esa infancia de la cual algunos de estos poemas dan cuenta.
“Vivekananda espera/ con toga anaranjada pero soy/ un niño curioso demasiado enojado, demasiado/ amargo y no puedo caminar/ ni puedo hacer labores,/ tengo que estarme tanto como/ los árboles quietos, en flor, aguantando la radiación/ del frío/. Ah, la infancia”, escribió en “El cariño en flor”. En esta primera serie, la pluma de López va tocando otros escenarios y formas de lo vincular y lo amoroso, y en la segunda, “El amor gamado”, un largo poema sin título como el resto, le da al libro su nota de oscuridad (“cazador y presa/ en la victoria imposible/ del trayecto del disparo/ del trayecto de la carne/ al plomo abigarrado que quiebra”, dice).Con Meteoro, Penguin Random House hace lugar a la poesía. Dice el autor de La ilusión de los mamíferos, la exitosa novela publicada en 2018 por este mismo sello: “Hace un par de años pensé que tendría que juntar todo los poemas que escribí para ver si eso conformaba la idea del libro, y el año pasado mi editora, Ana Laura Pérez, me preguntó si tenía algo escrito en poesía. Me entusiasmó mucho, a mí me parecía una locura que las grandes editoriales no dieran cuenta de la enorme producción que hay en Argentina”. Los poemas que conviven en estas páginas denotan, una vez más, el intenso trabajo de este autor con el lenguaje, la maceración de una lírica tan identificable y característica también de su narrativa.

López y un momento en que las grandes editoriales vuelven a publicar poesía. / Germán García Adrasti

-Dieciséis años después de Bienamado, volvés a publicar poesía, ¿cómo reaparece en tu escritura?-Siempre escribí poesía desde chico y para mí es una preocupación constante; una preocupación con un hilo que tensa hacia el futuro. Yo pienso que el destino de toda escritura es la poesía, así que no es que vuelve sino que vuelve como Meteoro.-En tu narrativa sos fiel al registro poético, ¿lo sentís como una continuidad más allá del género? ¿hay género?-Particularmente las dos novelas que publiqué, tensan mucho el lenguaje en el sentido de la lírica, pero no toda mi escritura da cuenta de eso. Siempre, de todas maneras, hay una preocupación por el lenguaje. No sé si es que me sale así, pero me gusta que sea desafiante, que en la idea de entrar a un libro importe cierta disposición, por supuesto que no al trabajo, pero si al encuentro con la lengua. Yo no escribiría si mis libros no tuvieran algún tipo de jerarquía, en el sentido de la conciencia de un trabajo. No puedo entrar a la zona de la escritura si no es con la conciencia de que hay una materialidad particular. No me gusta la literatura que hace de cuenta que su materialidad no es el lenguaje. Así que te diría que si bien las dos novelas que publiqué son muy líricas, no todo lo que escribo tiene esa direccionalidad. A veces me sorprende la insistencia en que son poéticas y ahora en que mi poesía es narrativa; me sorprende mucho que la idea de género esté tan instalada, -no en la literatura porque eso también corresponde a montón de cosas, como a la idea de mercado-, pero sí entre escritores.
“No me gusta la literatura que hace de cuenta que su materialidad no es el lenguaje”.

-¿Entre escritores?-Sí. Esa enemistad virtual entre unos y otros a mí me sorprende porque de verdad creo que se es lo que se puede en la intemperie y que eso siempre es precario y esplende. Se es lo que se puede, precario en todo su esplendor, como digo en el poema en el que hablo de Irene. En cualquier caso, la máxima aspiración que uno puede tener es el esplendor de esa precariedad; ser sin coagulaciones identitarias muy poderosas, muy determinantes.-Es muy bello ese poema en que mencionás a Irene (Gruss). Y el suyo no es el único nombre que flota entre tus versos. Están también presente la bailarina Iris Scaccheri, Margarite Yourcenar, y la única dedicatoria del libro es a la poeta santafesina Sonia Scarabelli. ¿Qué influencia tienen estas artistas para vos?-El poema a Irene lo escribí muy poco tiempo después de su muerte. También hay uno a Nini Bernardello. Me interesaba no nombrarlas directamente, pero de alguna manera reconocer gente amada, maestras, linajes maternales que reconozco en las poetas a las que pude acercarme y en otras también. De Niní fui muy amigo. Soy. La vi por última vez en Buenos Aires. En su visita fuimos a La Paz donde, cada vez que ella venía, nos encontrábamos a tomar café, hablar, tomarnos de la mano y decirnos lo mucho que nos queríamos. Y también nos encontramos a fines de febrero en La continental de Callao y Perón. Luego la acompañé al departamento donde vivía, en la otra cuadra, y ella abrió la puerta, entró, se dio vuelta, me saludó con la mano, nos miramos y esa fue la última vez. A Irene yo la amaba. Hice taller con ella, fue una experiencia muy hermosa y también difícil a veces, y muy graciosa. Nos queríamos mucho, era amorosa y como su poesía lóbrega y hermosa. Como la escritura de Una letra familiar, esa nouvelle fabulosa. Su poesía era dulce y feroz.-Muchos de los de Meteoro son poemas de infancia, ¿su escritura es reciente?-Los poemas de infancia tienen más años que los del amor erótico. Para armar Meteoro junté todo el material y empecé a ver que podía formar una idea de territorio común. También escribí poemas nuevos que de alguna manera se ponían a dialogar más directamente con lo que había reunido. No hay una datación precisa de los poemas de infancia, pero son los más antiguos de Meteoro.

Editado por Random House, tiene 96 páginas. Cuesta $799 (papel) y 400 (e-book).

-Julián, hablemos del último poema de Meteoro, del verso final que dice simplemente «ferrum sidereum».-La definición es: hierro meteórico que ayuda a la persona a incrementar su coraje para integrarse en la respiración cósmica… La primera definición de diccionario de meteoro es: fenómeno no permanente en la atmósfera, como el viento, la lluvia o el arco iris. A mí me deslumbra esta acepción por su parecido con la vida de la gente: un fenómeno no permanente en la atmósfera. Y yo creo que Meteoro es un libro de celebración y de aceptación de la encarnación, de alguien que finalmente decide que va a encarnar. Entonces la coda del libro -el poema final que si te fijas es un texto que no está en el índice porque yo quería que fuera un texto colado, que no perteneciera al cuerpo del libro- habla de la aceptación de esta encarnación, es esto, algo que ya está dicho en el primer poema en el que habla un yo aterrado porque al fin soy de la tierra. En esa coda final dice okay, pero me llevo el ferrum sidereum para recordar que soy un espíritu del espacio.-La ilustración de la tapa del libro es Meteoro, el personaje del dibujito animado de los años 70, ¿verdad?-Sí, exacto. El título reúne varios significados; uno de ellos es esto que te decía sobre el fenómeno no permanente en la atmósfera, la idea de la luz fugaz, la estrella fugaz en el cielo a la que uno le pide deseos y qué es un pedazo de materia estelar que se incinera en el contacto, en la fricción con el oxígeno. Y por supuesto también está aquél dibujito extraordinario de la infancia.-Y para terminar me gustaría que me contaras si es que de verdad viste bailar a Iris Scaccheri como decís en un poema, qué recordás de aquella experiencia que te deslumbró o deslumbró al yo poético que habla en Meteoro…-Fue absolutamente inolvidable. Yo tendría unos dieciséis años cuando la vi en el San Martín. Todo lo que me acuerdo es que estaba como flotando en una experiencia completamente alucinada, totalmente exaltado de ver a una mujer sola, en el escenario gigante de la sala Casacuberta bailando adentro de una cacerola. Lo recuerdo como en una época en que parecía que todavía algo era posible, que no era el fin de los tiempos; una valoración del arte como una disciplina de la emancipación y el conocimiento y del encuentro con los otros. Me siento muy afortunado como dice el poema: estos ojos vieron bailar a Iris Scaccheri.  

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