110 años la muerte de León Tolstói: por qué el autor de “Anna Karenina” sirve para entender a los argentinos

“Ustedes creen que yo soy una cosa y mi escritura otra. Pero mi escritura soy yo”, le escribe León Tolstói (1828-1910) a su esposa y madre de sus 13 hijos, Sofía Tolstaia, en 1885. Creía en la escritura como una forma de hacer frente a la desesperación, e incluso de hacer el bien, en un movimiento simultáneo; también bajo la certeza de que “todos piensan en cambiar el mundo pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”.
También escribió en sus diarios, en 1858: “Conozco la finalidad de mi vida: el bien, al que estoy obligado con quienes dependen de mí y con mis compatriotas. Con los primeros estoy obligado porque me pertenecen; con los segundos porque tengo el talento y la inteligencia que tengo”. A veces, igual, deseaba morir.         Para Tolstói, la escritura era, ante todo, una forma de aproximarse al misterio de su propia vida, y a ese sentido último que por momentos se le escapaba; un intento de hacer algo a partir de la exasperación y la desesperanza. Ese periplo personal en el que se embarcó desde muy joven y que le llevó la vida, terminaría convirtiéndolo en uno de los más grandes autores de todos los tiempos: un gigante de la literatura. ​Este viernes, cuando se cumplen 110 años de su muerte (la fecha corresponde al 7 de noviembre de 1910 según el calendario juliano, por el que entonces se regía Rusia, pero al 20 de noviembre del actual calendario gregoriano), el mundo lo recuerda. Falleció en la casa del jefe de la estación de Astapovo, adonde llegó después de diez días de viaje huyendo de su familia, a sus 82 años. Su matrimonio hacía años que estaba destruido, su último sueño, entonces, era éste: subir a un tren y alquilar una casa rural en cualquier parte. Vivir alejado de todo y de todos; perderse.   Antes de irse le dijo a su hija que deseaba que la tierra fuera un lugar más justo, librarse de la mentira y la maldad, que ya no buscaba la compañía de nobles sino de campesinos. Pensador y novelista ruso, Tolstói  es mundialmente famoso por una obra que abarca unos 80 títulos; algunos, monumentales: Anna Karénina -que terminó de escribir en 1877, a sus 49 años- y Guerra y Paz, de 1869, consideradas  la cúspide del realismo.

León Tolstói. Su obra «La Guerra y la Paz» es uno de los clásicos indiscutidos de la literatura universal.

Mientras que Anna Karénina (1877) cuenta las historias paralelas de una mujer atrapada en las convenciones sociales y un terrateniente filósofo, Liovin, que intenta mejorar las vidas de sus siervos (apellido derivado del nombre Liova, el diminutivo de Lev, como llamaba en privado a Tolstói su esposa Sofía), Guerra y paz es una monumental obra en la que se describen cientos de distintos personajes durante la invasión napoleónica. La muerte de Iván Ilich, por su parte, cuenta la historia de un hombre que es consciente de que va a morir.Aunque más que en unas tramas determinadas, la clave está en su estilo, en la manera en que contaba: en sus novelas transmitía una visión del mundo, e impresiones muy vívidas: el lector siente que está inmerso en las historias en tiempo real, señala el argentino Guillermo Saccomanno.Mientras escribía Anna Karénina, Tolstói se declaró contrario al régimen zarista y defensor de la liberación del campesinado. Cuando Dostoievski terminó la lectura de esa novela salió a la calle proclamando a los gritos que Tolstói era Dios.   ​Cuando Dostoievski terminó la lectura de Anna Karénina, salió a la calle proclamando a los gritos que Tolstói era Dios. ​El escritor nació aristócrata, en Yasnaya Poliana, en 1828, en el seno de una antigua familia noble, y fue criado rodeados de lujos y privilegios. Integró el ejército durante la Guerra de Crimea y con los años lo ganaron al mismo tiempo la lucidez y la oscuridad.Una vez, borracho, se jugó a las cartas su propia casa, en una partida que duró dos días y sus noches, y la perdió: “No me gusta lo que se puede obtener a cambio de dinero pero me gusta dilapidarlo”, admitía. Tuvo que construirse otra. “Me resultó hasta tal punto desagradable que me gustaría olvidar que existo”, escribió por esos días. Cuando ya era un autor célebre, en la década de 1870, tuvo una profunda crisis moral, seguida de lo que consideraba un despertar espiritual y se sintió tentado a renunciar a todo: sus riquezas, su familia, la fama.

Cumbre. Tolstoi (der.) junto al también escritor Anton Chéjov, en 1901.

También lo acercó al cristianismo y así se ganó el odio de la Iglesia Ortodoxa, que lo excomulgó en 1901 y lo cusó de ser corresponsable de la Revolución Rusa de 1917. de 1917. Fue después de que el escritor le escribiera una carta al zar Nicolás II pidiéndole la abolición de la propiedad privada. Desde entonces, fue sistemáticamente censurado en su país.Se hizo pacifista, y sus prédicas influyeron incluso a figuras como Mahatma Gandhi y Martin Luther King. En su oposición al progreso -y la industria-, denunciaría también la situación de los campesinos -e indirectamente hasta de las mujeres- en la Rusia zarista, retrógrada.Recibió múltiples nominaciones para el Premio Nobel de Literatura -todos los años de 1902 a 1906- y nominaciones para el Premio Nobel de la Paz -en 1901, 1902 y 1910-, pero nunca ganó.Recibió múltiples nominaciones para el Premio Nobel de Literatura para el Premio Nobel de la Paz, pero nunca ganó.  En su visión, la felicidad, depende única y exclusivamente del deseo y de la voluntad: “Nosotros mismos nos hacemos felices o nos privamos de ello”, pensaba. Y que además la felicidad tenía algo que nos iguala, no así infelicidad: “Todas las familias felices son iguales; cada familia infeliz, es infeliz a su manera”, postuló.Desde la Argentina de hoy ¿Sus libros nos siguen hablando indirectamente del presente, en dónde reside su vigencia? Y ¿tiene sentido pensar que desde la Argentina puede leerse a Tolstoi de una manera particular o distinta a como se lo lee en otras partes?  El escritor Guillermo Saccomanno piensa que sí: «Es que los argentinos somos bastante rusos», define a Clarín. «Disponemos de un vasto territorio y nos la pasamos discutiendo sobre qué es ser argentino, el ser nacional, ese tic. Qué tiene que ver un tipo de Siberia con uno de Kiev. Tan poco como uno de Jujuy con uno de Ushuaia. La bandera no alcanza para determinar una identidad como tampoco un ídolo de fútbol. En este punto, está atravesado por estos desgarramientos en su tiempo, que pueden leerse en proyección ahora, acá», plantea el argentino, que por estos días publica su novela Soy la peste (Planeta).
“ Qué tiene que ver un tipo de Siberia con uno de Kiev. Tan poco como uno de Jujuy con uno de Ushuaia. La bandera no alcanza para determinar una identidad.”

Guillermo Saccomanno
Escritor

Como autor que es, Saccomanno sabe que la del ruso es una influencia inevitable para un escritor: «Por dos lados, su influencia: como narrador total, alguien que es capaz de contar el mundo. Y uno nunca logrará estar a su altura. Pero vale la pena intentarlo.»-Alguna vez destacaste la capacidad que tiene como autor para captar la realidad (“Cuando Tolstoi hace llover en una novela, vos estás empapado”) y una noción del tiempo real que pocos escritores logran. ¿Tu valoración de Tolstoi está asociada a esos efectos de su escritura? -Lo que consigue con su literatura es un efecto de realidad, trabaja en un borde de la misma. Le preocupa ser un cronista de su tiempo, denunciar, mejorar la sociedad, todos objetivos loables, pero lo que importa no es su “reformismo”. Importa sí cómo conoce la hipocresía y las contradicciones de clase –él mismo pertenece a la nobleza de la cual reniega – y en consecuencia hurga en sus miserias –un modo de hurgar en sí mismo, basta leer su Diarios-. Por tanto, Tolstoi merodea la cuestión de los géneros que hoy atormenta a tanto papanata crítico, si es literatura, es periodismo, literatura del yo o crítica, etc. Abarca todos los géneros y es, en sí, un género: la narración del mundo. «Tolstoi merodea la cuestión de los géneros que hoy atormenta a tanto papanata crítico, si es literatura, es periodismo, literatura del yo o crítica, etc. Abarca todos los géneros y es, en sí, un género: la narración del mundo.»-¿Y dirías que así como denunció la situación de los campesinos rusos, lo hizo también en relación a las mujeres de su tiempo? ¿En este sentido fue un precursor?-Anna Karenina es, considerando la perspectiva de época, a la vez una víctima y una heroína, asume su deseo como puede y lo convierte en brújula, aún cuando las circunstancias no estén a su favor. Por otro lado pone en tela de juicio a la burguesía y la aristocracia al enfrentar eso con conveniencia, es decir, al desnudar una ecuación del sistema capitalista: sexo-dinero-poder. PK

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