“Sabato es el Dante Alighieri del siglo XX”, según el rumano Cartarescu, escritor y candidato al Nobel

Signado por la excepcionalidad virtual que le da nombre, el Filba Online contó en su segundo día de actividades con la presencia en pantalla del aclamado Mircea Cărtărescu (Bucarest, Rumania, 1956). Después de la ponencia inaugural de Joyce Carol Oates del viernes, la entrevista al escritor -en inglés- a cargo de la periodista Lala Toutonian marcó este sábado otra instancia decisiva en la agenda del festival literario, que recibirá hasta el próximo sábado en su versión telemática a autores como Vivian Gornick, Siri Hustvedt, Anne Carson, M. John Harrison, Nic Pizzolatto, Guillermo Arriaga, Jamaica Kincaid y John Lee Anderson junto a una nutrida grilla de actividades.Considerado el mejor escritor rumano de la actualidad y uno de los más destacados de Europa, permanente candidato al Premio Nobel y ganador del Formentor, Cărtărescu es, de acuerdo a sus palabras, un hombre común y corriente cuando no escribe; sus pasajes alucinados, tortuosos y magistrales lo esperan en las páginas de cuaderno hasta ser retomados, rutina creativa que lleva a cabo a mano, diariamente y sin correcciones y que compara con el acto de tejer (“Escribo textos breves todos los días, una página o dos como máximo. Voy tejiendo, como la abuela que teje suéteres o bufandas”, apunta).Fue por tanto la faceta más plácidamente casera del autor de Nostalgia y Solenoide la que se hizo presente en la transmisión, que bien podría haber obedecido a un plano del actual y nada fantástico cine rumano: Cărtărescu hablando frente a cámara con lentes, pelo negro con flequillo y camisa, y atrás unas estanterías con libros, carpetas y fotos. Estética digital hiperrealista a la que el mundo se ha acostumbrado con los hábitos conectivos impuestos por la pandemia, desplazada a eventos culturales.

Risas. Mircea Cartarescu, en su entrevista para el Filba Online 2020.

Aunque Cărtărescu reveló haber transitado el coronavirus en notas de prensa, padecimiento que le produjo dolores fuertes y cansancio, no habló esta vez del tema y sacó a relucir su lado bueno: el confinamiento lo hizo volver a la poesía, “su primer amor”, que no abordaba desde hacía décadas. Y es que el escritor fue antes que nada un poeta celebrado en su juventud, cuando desplegaba versos experimentales y clandestinos bajo la opresiva dictadura de Nicolae Ceaușescu como integrante de la generación “ochentista” o “de los blue jeans”. Ese origen poético virtuoso, que en la nebulosa y reciente Solenoide se desdobla en un Cărtărescu inédito, angustiado y sin éxito, fue coronada por El Levante (1990), odisea épico-satírica que recurría al pastiche para emular escrituras rumanas antiguas.La producción más reconocida de Cărtărescu se compone sin embargo de novelas y relatos, algunos complejos y otros de levedad folletinesca, en los que el faro guía es el entenderse a sí mismo a la manera kafkiana. “Nunca escribí para una carrera. Escribí para sanarme, conocerme, y para entender el mundo, lo que nos pasa a nosotros, a todas las cosas. Adoraría ser científico, filósofo, teólogo, matemático, pero no soy capaz. Entonces trato de entender de la única forma que puedo, que es haciendo literatura”, asume en el diálogo el autor, que no casualmente invoca figuras de disciplinas científicas múltiples en sus libros. Cegador, la avasallante trilogía con forma de mariposa que está siendo traducida por primera vez del rumano -siempre por la eximia Marian Ochoa de Eribe y en la española editorial Impedimenta- rebasa de detalles naturalistas, visiones cuánticas y metáforas neurológicas.Muchas de las páginas de Cărtărescu están pobladas de sueños (uno de sus mejores relatos, incluido en Nostalgia, lleva el título REM), verídicos -como en Solenoide- o inventados. Toutonian le pregunta por esa recurrencia onírica. “Soñar es un regalo enorme que alguien le dio a la humanidad. Si no pudiéramos soñar tomaríamos la realidad tal como es. No tendríamos la idea de trascendencia, porque soñar es cambiar el mundo”, responde el escritor, que le atribuye el gesto a su madre de origen campesino que les relataba a sus hijos sus sueños y les preguntaba a ellos por los suyos. Hoy, a sus 91 años, lo sigue haciendo. “Siempre fue una gran soñadora, una genia del sueño. Yo soy solo un cuarto de lo que es ella”, añade Cărtărescu, que profiere la primera carcajada de la velada, una de las pocas en un intercambio reposado.Si no pudiéramos soñar tomaríamos la realidad tal como es. No tendríamos la idea de trascendencia, porque soñar es cambiar el mundoLa otra madre del escritor es el surrealismo, al que Cărtărescu reivindica apartándose del cliché. “Magritte, Dalí, no soñaban lo que pintaban sino que lo hacían con el tono de los sueños, por eso tenían tanta magia, despertaban enigma con sus obras”, afirma.El narrador destaca a la vez la supervivencia del romanticismo en la literatura latinoamericana y la argentina. Borges, Silvina Ocampo, Bioy Casares, Ezequiel Martínez Estrada y en especial Julio Cortázar y Ernesto Sabato son citados con énfasis. De Cortázar elogia el cuento Axolotl (“Leí la mayoría de sus libros, algunos de sus cuentos son imposibles de superar”) y de Sabato su trilogía y el Informe sobre ciegos (“Fue una influencia mayor, es el Dante Alighieri del siglo XX”, agrega). “Los argentinos basan sus vidas y pensamiento en patrones muy antiguos, en mitos arcaicos (…) Son aguas subterráneas que nutren a todos”, completa.La presentación no podía concluir sin la mención a la dualidad, patrón estructural que es sello de Cărtărescu. Toutonian le interroga por Lulu, novela corta del autor que está entre sus obras más cautivantes, protagonizada por un poeta de tintes malditos que se obsesiona con un muchacho travestido. “El problema es la naturaleza del adolescente, que no es hombre ni mujer sino algo entre medio, no formado”, señala Cărtărescu, quien evoca constantemente en sus relatos a un hermano gemelo desaparecido en sus primeros años de vida llamado Victor, suerte de doble oscuro e inmortal. “En esa narración intento llegar al fondo de mi alma. Es como en los cuentos de hadas, donde hay un castillo y te dicen que podés entrar a todas las habitaciones menos a una, y ahí está tu yo más profundo”, cierra el escritor.El Filba Online se puede seguir aquí.PK

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