¿Estamos al aire? Escritores que se animan a hacer radio

“Toda Argentina está inundada de obras mías, envilecidas por plumíferos rioplatenses”, dice Pedro Camacho, el personaje de La tía Julia y el escribidor (1977), de Mario Vargas Llosa, acusando de plagio a sus colegas del sur del continente. Camacho es un libretista boliviano de radionovelas contratado por la radio en la que trabaja Mario, el protagonista, que se acerca a él porque quiere aprender el oficio de escritor. El libretista logra cautivar a la audiencia de la ciudad de Lima, donde siguen con fanatismo sus folletines casi a toda hora, pero se comprueba después, que todo su conocimiento del ámbito de las letras está extraído de un único libro, llamado 10 mil citas literarias de los 100 mejores escritores del mundo.Mucho más expertos en el arte de la palabra escrita que Camacho, y en Argentina 2020, Claudia Piñeiro, Pedro Mairal, Jorge Fernández Díaz, Federico Andahazi, Gonzalo Garcés y Gonzalo Heredia son algunos de los autores que decidieron probar la magia de expresarse a través de la radio. Y no les va nada mal.“La radio se parece a escribir en la medida en que es palabra despojada de la imagen”, dice Mairal. “Nada distrae, entonces lo que estás diciendo de alguna manera se crea en el cerebro del que escucha, del receptor. Es el lenguaje mismo en el cerebro del otro, sucediendo. Para mí la escritura también está muy ligada a la corporalidad: me interesa la lectura en voz alta”. Mairal conduce el programa Tachame el Nobel, donde entrevista a músicos y escritores con un estilo distendido y reflexivo, todos los sábados de 22 a 23 por AM 1110.

Claudia Piñeiro tiene una columna desde hace casi una década en el programa de María O´Donnell, en Radio con Vos, los sábados de 10 a 13. Foto Juano Tesone

“Hay algo de la intimidad que uno maneja completamente cuando lee”, sigue el autor de La uruguaya. “Se puede leer un fragmento, subrayar o volver hacia atrás. En cambio la radio es algo que está sucediendo ahí, a veces uno está en el auto, escucha algo y no sabe bien quién lo dijo. Viaja por el espacio, es otra velocidad”.“Es un programa bastante literario, lo inicio muchas veces leyendo un texto”, dice Jorge Fernández Díaz, que conduce Pensándolo bien, de lunes a viernes en las noches de Radio Mitre. “He leído a Borges, a Manucho (Mujica Láinez), escritores de ficción de todos los tiempos. Al principio creían que la gente no lo iba a bancar, ahora si lo saco me matan”, cuenta el conductor. “Hay que buscar textos cortos, cinematográficos, cronológicos…Usé mucho algo que es el articulismo histórico, narrar historias de vida o episodios”. 

Federico Andahazi participa en el ciclo «Le doy mi palabra», de Alfredo Leuco. Foto David Martínez.

El autor de la novela Mamá sostiene además que su amor por el cine y la escritura cinematográfica también lo ayudaron a aprender a narrar en la radio. “La radio y el libro son las dos artes de la intimidad. El libro transcurre en tu cabeza. La radio da esa intimidad que te sigue mientras te bañás, o cocinás”, agrega.Dice Piñeiro que la radio para ella es mágica. «Es compañía, es comunicación inmediata. Y es trabajo en equipo, que en el caso del escritor, es algo que no siempre tenemos”. No cree que se parezca a la escritura más en que en los dos casos hay una voluntad de “hablarle” a otro. “Para mí la escritura es un acto de comunicación también. Pero lo que hago en la radio es muy distinto de lo que escribo”. Piñeiro tiene una columna desde hace casi una década en el programa de María O´Donnell, en Radio con Vos, donde actualmente participa de Tarde para nada, los sábados de 10 a 13.

Jorge Fernández Díaz. Sostiene además que su amor por el cine y la escritura cinematográfica también lo ayudaron a aprender a narrar en la radio.

“Se parece a escribir en el hecho de que tengo que tener algún tipo de estructura”, considera Garcés sobre su actividad en la radio, a la que llegó hace pocos meses. “Años de escribir novelas, cuentos y artículos periodísticos y también de dar clases me enseñaron que si voy a contar una historia en la radio tengo que organizar la narración, de cierta manera. Sé que voy a dar primero una idea general de lo que voy a hablar, a plantear algún pequeño enigma. En definitiva, se parece a escribir en algo fundamental: en una charla no hace falta saber hacia dónde uno va, pero en una columna de radio sí”.Garcés habla sobre cine, literatura y música todos los martes a las 21:30 en el programa de Fernández Díaz. “Se parece a una charla apasionada que podría también hacerse sin micrófono”, dice el autor. “Lo tomo como un regalo inesperado e inmenso, que surgió en julio de este año, de algún modo por accidente: Yo había escrito algo en twitter que a Fernández Díaz le gustó, y me invitó a conversar con él en su programa. Fue tan agradable la charla y la gente que lo escuchó respondió tan bien que me invitó a hacerlo regularmente”.

“La radio se parece a escribir en la medida en que es palabra despojada de la imagen”, dice Pedro Mairal.

“Es escribir”, responde tajante Federico Andahazi, que participa en el programa Le doy mi palabra, conducido por Alfredo Leuco en las tardes de Mitre. “Tal vez la diferencia entre el soporte radiofónico y el papel, real o virtual, sea que la presencia directa del oyente te obliga a cierta lógica de la conversación, del diálogo y un tono menos literario y más coloquial. Es como escribir en tiempo real; una mezcla de charla y escritura”.“En muchos casos, aunque coincidan en una misma persona, lector y oyente son entidades diferentes”, sigue Andahazi, que presenta las columnas del Equilibrista, una suerte de “alter ego múltiple” en las que cruza psicoanálisis, literatura, historia y política. “Caminan en diferente sentido. El lector es alguien que te va a buscar, sale a conseguir tu libro, a hacer el esfuerzo de encontrar un tiempo para leer, y concentrarse en la lectura. Es decir: hacer el trabajo inverso de la escritura (leer es trabajar) y establecer con el autor una relación íntima, única, personal, como platónica e incluso clandestina. El lector comparte la cama con el autor, el oyente, en cambio, comparte la mesa de la cocina. Tiene una relación más cotidiana, mundanal, es el tipo que ya sabe lo que vas a decir y busca que le cuentes como están las cosas ahí afuera”.  Gonzalo Heredia conduce junto a Ana Correa Notas al pie, un programa destinado a “los apasionados de los libros”, que se emite por Radio con vos los sábados de 24 a 1. “Nosotros presentamos a un escritor, a una escritora, y a través del texto que leímos, o de sus novelas, cuentos o relatos se empieza a construir la persona. En ese aspecto, se parece a escribir: en la creación de una atmósfera, un clima, un universo que compartimos con los oyentes”.

Gonzalo Heredia. Conduce junto a Ana Correa «Notas al pie», un programa que se emite por Radio con vos los sábados de 24 a 1 de la madrugada.

“Creo que lo que más me gusta de la radio es la posibilidad de conocer gente interesante”, dice Mairal. “Que me llame la atención lo que está haciendo en literatura o en música. Eso es lo mejor, me mantiene actualizado.»El autor de Breves amores eternos rescata entre las experiencias inolvidables la entrevista a Jorge Drexler, en el camarín del Teatro Gran Rex. “Fue al ritmo de la velocidad previa de su recital, pero estuvo buenísimo. Nos dio tiempo. Otro gran momento fue cuando entrevisté a Julieta Venegas, me cantó una canción con el cuatro venezolano, que es una guitarrita pequeña, y me partió al medio de la emoción”.Entre los recuerdos de cómo era su vínculo con la radio antes de trabajar en el medio, Heredia rescata momentos familiares: “Me acuerdo de mi papá, que trabajaba en el taller mecánico y tenía la radio prendida todo el día. Era una compañía cotidiana para él, a mí me quedó esa costumbre. Tanto él como mi mamá me enseñaron que nunca estás solo con la radio. De chiquito me imaginaba los cuerpos detrás de esas voces”.

Gonzalo Garcés. «En una charla no hace falta saber hacia dónde uno va, pero en una columna de radio sí”, explica.

“En mi casa, de niña, siempre se escuchó la radio”, cuenta Piñeiro. “Mi madre tenía algunos programas que sonaban siempre, como el de (Hugo) Guerrero Marthineitz. La radio ocupaba un lugar en la cocina como cualquier otro elemento de ese ambiente. Luego, de adulta, viví muchos años en un lugar alejado que me mantenía manejando mucho tiempo en la ruta y mi compañía era la radio”.“Mi relación con la radio antes de esto era solamente de oyente”, dice Garcés, quien considera que hacer una columna radial es la mayor sorpresa de su vida. “El oyente cuando escucha algo que le da placer o lo conmueve, o siente que aprende algo, tiene una reacción de puro cariño. Yo no estaba acostumbrado a eso y me emociona. No salgo de mi asombro y mi gratitud por lo divino, lo cálido y lo humano de los mensajes que recibo”.  VA

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