¿Perón estaba contra los judíos? ¿Los judíos contra Perón?

“Nací en 1926, cuando todavía estaba la esperanza de que la Revolución Rusa iba a cambiar al mundo”, dice desde el Museo Evita Abrasha Rotenberg casi al final del documental Perón y los judíos, de Sergio Shlomo Slutzky. “Y me voy a morir con el desencanto de que todos los intentos que se hicieron mientras yo vivía fueron un fracaso. Israel no es esa que yo conocí en el año (sic) 49, 50 y 51. Es otra. Y el peronismo era la lucha diaria, era la pasión”, explica Rotenberg, ucraniano de nacimiento, escritor y periodista que fundó junto a Jacobo Timerman la revista Primera Plana, participó del diario La Opinión y fue militante de la Hashomer Hatzair, movimiento juvenil judío sionista socialista.Slutzky, el director argentino israelí de los documentales Sin punto aparte y Disculpas por la demora, fue en esta ocasión en busca de respuestas a una inquietud personal, que lo llevaba a preguntarse si su padre –que falleció en 1983- era o no lo que se conoce como un “gorila”.Filmado en las dos tierras que de alguna u otra forma habita, este documental -que será exhibido por Cine.ar TV este jueves 24 y el sábado 26 a las 22, y desde el 25 de septiembre al 1 de octubre se ofrecerá gratis en la plataforma Cine.ar- indaga en la relación entre la comunidad judía argentina y el movimiento fundado por Juan Domingo Perón, así como en la idea de las supuestas simpatías del General por el nazismo, y en su vínculo con el incipiente Estado de Israel durante las décadas del 40 y el 50.
“Perón creyó que poniendo un judío en el Once los judíos iban a votar a un judío. Pero no fue así”

Herman Schiller
Periodista

“La historiografía argentina está tan metida en estos conflictos que uno tiene que declararse peronista o antiperonista”, dice en un momento Raanan Rein, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv y Doctor en Historia por la misma institución, autor del libro Los muchachos judíos peronistas. Rein, expone algunas de las conclusiones a las que arribó tras dos décadas de estudiar el particular movimiento argentino y habla con Rotenberg, que lamenta: “No hay más ideales, hay un pragmatismo…Yo con mi hija discuto (dice en referencia a la actriz Cecilia Roth) porque es…¡es peronista!”, remata con una sonrisa.Slutzky recorre las calles del Once por donde caminaron sus padres, “Mi viejo era un tipo que escribía poesía, hacía teatro en Hebraica, ¿Mi viejo era gorila?”, se pregunta. Y también indaga en los cierres del teatro IFT por parte del peronismo en numerosas oportunidades. En una secuencia que se inicia con la marcha peronista cantada en idish, sobre imágenes en blanco y negro de la campaña política previa a las elecciones de 1952, que llevaron a Perón a la segunda presidencia, Slutzky reflexiona desde la voz en off: “Si hay algo que refleja el fracaso del intento del acercamiento de Perón a la comunidad judía fue el destino de su prometedor candidato a diputado, el dirigente de la Organización Israelita Argentina, (OIA), Ezequiel Zabotinsky”, dice mientras puede apreciarse el impactante material de archivo que ilustra buena parte del documental.

Envío de la Fundación Eva Perón a Israel. Documental «Perón y los judíos»

“Perón, pícaramente, reestructura las circunscripciones”, relata el periodista Herman Schiller. “Como perdía en Barrio Norte, donde estaba la burguesía, y perdía en determinados sectores, donde sí ganaba por mayoría, unió el Barrio Norte con el Barrio Sur, y ahí por supuesto ganó, porque había preponderancia de los sectores populares. Hizo algo que fue realmente una jugada: aisló el Once, y puso un candidato judío”.Schiller, de 82 años, editor de la extinta publicación destinada a la comunidad judía Nueva Presencia y estudioso del peronismo, cuenta que en el 52 el barrio del Once se llenó de carteles donde podía leerse, en castellano y en idish: “Vote Ezequiel Zabotinsky”. “Y, oh milagro, en el único lugar donde perdió Perón para la segunda presidencia fue ahí, en el Once”, agrega. “Ganó por lejos el candidato radical, que no era judío. Perón creyó que poniendo un judío en el Once los judíos iban a votar a un judío. Pero no fue así”.“Soy contemporáneo del triunfo de Perón. Tenía 17 años y hace 9 años que estaba en Argentina. Había llegado de la Unión Soviética. Lo que significa que era muy sensible a todo lo que fuera autoritario o impuesto”, cuenta en otro momento Rotenberg. “En la escuela secundaria enseguida se sintió el cambio. ¿Cuál es el cambio? Miedo de hablar. Se transformó la clase, de chicos, se dividió enseguida. Los que estaban a favor de Perón eran minoría”.
“En la escuela secundaria enseguida se sintió el cambio. ¿Cuál es el cambio? Miedo de hablar”

Abrasha Rotenberg
Escritor, periodista

Y sigue con lo que le tocó vivir en su etapa como alumno universitario: “La universidad era toda absolutamente antiperonista. Lo fundamental era el sentimiento de miedo y opresión. En ese momento la Facultad de Economía y la de Medicina estaban juntas. Cuando entró la policía empezó a dar palos y detuvo a la mayoría de la gente. Yo tuve suerte porque me escondí en la morgue. Me tapé como un muerto y no entraron ahí. La mayoría de los intelectuales, la mayoría de la gente de la cultura y de los universitarios estaba contra Perón”.Julio Schlosser, expresidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, (DAIA) cuenta luego su experiencia como hijo de un obrero de la textil Modart. “No sentimos en mi casa una persecución, un sentimiento de peligrosidad hacia los judíos en el segundo gobierno de Perón, que es el que yo más o menos recuerdo”. Y continúa relatando que a medida que su padre tuvo la posibilidad de ascender en su trabajo comenzaron a pasar las vacaciones familiares en los hoteles de la Fundación Eva Perón en Embalse Río Tercero, Córdoba. “De ninguna manera yo sentí que no salíamos sorteados por el hecho de ser judíos”.
“Donde yo vivía, teníamos una cocina para cada uno pero el baño era uno solo. Y ahí vivíamos ocho o diez familias y había que ir al fondo, y el judío de repente se pudo comprar una casa. Bueno, muy antiperonista no puede ser”.

Julio Schlosser
Expresidente de la DAIA

Schlosser también relata un cambio social que notó por esa época entre los integrantes de la comunidad: “El judío cambió, empezó a tener propiedad, a tener coche, empezó a salir del conventillo”, cuenta. “Donde yo vivía, teníamos una cocina para cada uno pero el baño era uno solo. Y ahí vivíamos ocho o diez familias y había que ir al fondo, y el judío de repente se pudo comprar una casa, se fue de eso. Bueno, muy antiperonista no puede ser”.El momento más escalofriante del audiovisual es el que expone las imágenes del encuentro multitudinario que se realizó el 10 de abril de 1938 en el Luna Park, con inscripciones y simbología nazi. Como cada vez que aparecen, congelan la sangre de todo espectador mínimanente al tanto de los sucesos acontecidos durante la Segunda Guerra Mundial. Las indigeribles imágenes vienen a cuento de los debates acerca de la simpatía o no de Perón por el nazismo, y de la llegada de jerarcas nazis al país durante su presidencia, a los que se brindó refugio en el territorio argentino.
“Si uno lee los discursos de Perón entre los años 46 y 55 se va a encontrar con muchísimos discursos en contra del antisemitismo en Argentina“

Raanan Rein
Historiador

“Un continente con cincuenta millones de muertos, donde hay países devastados, donde la población huye, trata de llegar a lugares donde tiene parientes, o donde tiene alguien que los va a recibir para iniciar una nueva vida”, sostiene Rubén Furman, autor del libro Puños y pistolas, entrevistado en el Museo Evita. “Entonces los pasaportes que da la Cruz Roja son innumerables, y se los da a justos y a pecadores. Como parte de un diseño político muy sofisticado. Es el diseño político de la Guerra Fría. Es un diseño. Que no es el peronismo. Aunque el peronismo en Argentina haya cargado con ese mote”. Explicaciones existen para casi todo.“Perón no era antisemita”, dice minutos después Rein durante una presentación en el auditorio de un centro comunitario judío en Argentina. “Si uno lee los discursos de Perón entre los años 46 y 55 se va a encontrar con muchísimos discursos en contra del antisemitismo en Argentina. Y el régimen de Perón tampoco era antisemita”. En un momento se muestran las acaloradas discusiones que generan entre el público las afirmaciones de Rein. Que, claro está, no sorprenden a nadie acostumbrado a las dinámicas de los intercambios de ideas que se generan siempre en estas pampas.La franca exposición de las distintas opiniones es el mayor mérito de Perón y los judíos. Mientras el realizador emprende su búsqueda personal recoge los testimonios de los entrevistados. Así se oyen las voces de Juan José Sebreli, Alberto Manguel, Gerardo Manzur. Julio Schlosser, y Corina Kestelbaum (la única mujer entrevistada), entre otros.

Teatro judío, en el documental «Perón y los judíos»

“De la mano del profesor Raanan Rein conocí más de cerca los esfuerzos que realizara Perón durante la mayor parte de su década en el gobierno para ganar a la comunidad judía y al joven Estado de Israel, en declaraciones y acciones claramente projudías y proisraelíes”, cuenta Slutzky por mail.“Pero a la vez, este nuevo conocimiento ahondó mi necesidad de entender por qué mi padre y gran parte de su generación de jóvenes judíos progresistas identificados con las reformas sociales en favor de los trabajadores y de las mujeres, a pesar de todo este esfuerzo no adhirieron a Perón. No se trataba de grandes empresarios amenazados con los derechos sociales otorgados a los trabajadores, ni de terratenientes ni banqueros, sino de trabajadores y estudiantes, pequeňos comerciantes y artesanos, gente pensante. ¿Por qué no adherían a Perón?”PK

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