“Mantecosa, con dedos como salchichas y carne apetitosa”: se cumplen 140 años de “Bola de sebo”, el cuento protagonizado por una mujer “plus size”

Durante la guerra franco prusiana (1870-1871), un grupo de franceses compuesto por tres ricos matrimonios de la burguesía y de la nobleza; dos religiosas y un político revolucionario se aprovecha de Elisabeth Rousset, una hermosa y rolliza cortesana apodada “Bola de sebo” quien, luego de resultar útil a los fines del grupo, es objeto de las burlas y el desprecio de todos.El relato cumbre de Guy de Maupassant, que nació hace 170 años –el 5 de agosto de 1850–, es considerado una obra maestra del realismo francés. Quien primero lo dijo fue su padrino literario, Gustave Flaubert, uno de los mayores referentes de la literatura universal.

La obra, publicada en 1880, marcó el inicio rutilante de una carrera literaria que, sin embargo, fue corta. En solo una década; entre 1880 y 1890, Guy de Maupassant, nacido en el castillo de Miromesnil, en la Normandía francesa, publicó seis novelas, unos trescientos cuentos, entre ellos Bola de Sebo, seis obras de teatro, tres libros de viajes, una antología de poesía y numerosas crónicas periodísticas. De hecho, trabajó como periodista en Le Figaro.

El escritor francés Guy de Maupassant (1850-1893).

Admirado por autores de la talla de Antón Chéjov, León Tolstói, Horacio Quiroga, sus cuentos de terror son equiparados con los de Edgar Allan Poe. En ellos, predomina su obsesión por la muerte, el desvarío y lo sobrenatural. Algunos de sus títulos relevantes en el género son ¿Quién sabe??, La noche, La cabellera, La mano, Mesero, El Perdón, Reina Hortensia, La aparición, El diablo y El Horla. Atormentado por una sífilis incurable, el autor muy pronto enloqueció y murió en París en 1893, antes de cumplir los 43 años.Bola de sebo integró Las veladas de Médan, una antología de obras de cinco autores liderada nada menos que por Émile Zola, el padre del naturalismo francés, escuela de la que el mismo Maupassant es un sólido referente. (Al igual que el Castillo de Miromesnil, La Casa de Médan –donde Zola vivió entre 1872 y 1902– es actualmente un sitio de visita turística obligada).

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Eran épocas turbulentas en Europa. A partir del golpe de Estado de 1799, diez años después del inicio de la Revolución Francesa, Napoleón Bonaparte había sido autoproclamado sucesivamente, cónsul vitalicio, emperador de los franceses y rey de Italia. En un lapso de 80 años, Francia había pasado por siete regímenes políticos: tres monarquías constitucionales, dos breves repúblicas y dos imperios.En 1870, año en que se desarrolla el relato, comenzaba lo que se conoció como La Tercera República Francesa, régimen que duró hasta 1940. En ese contexto, Prusia invade Francia y, luego de unos primeros meses difíciles, la población francesa se iba acomodando a la ocupación prusiana, con las rispideces propias del caso, mientras ambos países seguían en guerra.

«Bola de sebo», de Guy de Maupassant, fue publicada den 1880.

Hipocresía y egoísmo en «Bola de sebo»La historia transcurre en la región de Normandía, en el Norte de Francia. Cierta madrugada helada en Ruán, bajo una copiosa nevada, suben a una diligencia de cuatro caballos, diez personas enfundadas en gordos abrigos y mantas de viaje. Huyen de la ocupación prusiana, primero a Dieppe, ciudad portuaria a orillas del Canal de la Mancha, con la intención de llegar, finalmente, a El Havre, región que todavía está bajo el dominio de Francia.Las diez personas son el señor y la señora Loiseau, dueños de una bodega; el señor Carré-Lamadon, un rico industrial algodonero y su esposa; el conde y la condesa Hurbert de Breville, nobles de alto linaje; dos monjas: una, tísica y la otra, con el rostro desfigurado por la viruela y dos personas más que atraen todas las miradas: Cornudet, “fiero demócrata y terror de las gentes respetables” y Elisabeth Rousset, “mujer de las que llaman galantes, famosa por su abultamiento prematuro, que le valió el sobrenombre de Bola de Sebo, de menos que mediana estatura, mantecosa (…) y los dedos como rosarios de salchichas gordas y enanas, con una piel suave y lustrosa, con un pecho enorme, rebosante. De tal modo complacía su frescura, que muchos la deseaban porque su carne les parecía apetitosa”.“Vergüenza pública”, “mujer prostituida”, murmuraban las tres damas hermanadas por el dinero, mientras sus maridos la miraban con deseo reprimido. Ellas se unieron contra la “vendedora de amor” porque, dice el autor, “el amor legal acostumbra ponerse muy fosco y malhumorado en presencia de su semejante libre”.

«Bola de sebo», en versión novela gráfica.

El trayecto era largo y los viajeros, que no llevaban provisiones, comenzaron a sentir hambre. Cornudet ofreció un trago de ron que Loiseau aceptó antes de bromear con “comerse al más gordo”, como dice una vieja canción de náufragos. Entonces, Bola de Sebo sacó una canasta con dos pollos asados cubiertos de gelatina, pasteles, queso, frutas y cuatro botellas de Burdeos. “Rayó en ferocidad el desprecio que, a las viajeras, inspiraba la moza. La habrían asesinado, la habrían arrojado por una ventanilla”, describe el relato.
Elisabeth Rousset, “mujer de las que llaman galantes, famosa por su abultamiento prematuro, que le valió el sobrenombre de Bola de Sebo, de menos que mediana estatura, mantecosa (…) y los dedos como rosarios de salchichas gordas y enanas, con una piel suave y lustrosa, con un pecho enorme, rebosante. De tal modo complacía su frescura, que muchos la deseaban porque su carne les parecía apetitosa”.

Fragmento de «Bola de sebo»
Guy de Maupassant

Entonces, Loiseau dijo: “La señora fue más precavida que nosotros” a lo que Rousset respondió con un ofrecimiento amable. En pocos minutos, las diez personas devoraron todos los manjares de la canasta. Así fue como las señoras, de pronto, se mostraron amables y condescendientes con la chica rolliza de vida licenciosa: le ofrecieron calentarse los pies con sus rejillas de carbón y hasta descubrieron que tenían opiniones semejantes sobre los ocupantes: “Esos militares no sirven para nada. Los pobres tienen que alimentarlos mientras ellos aprenden a destruir”. Entretanto, Cornudet, que ya llevaba una petaca de ron encima, intentaba entrar en confianza con la chica, que lo espantaba a los manotazos.

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Después de catorce horas de viaje, la diligencia paró en una posada en Tôtes, ciudad equidistante entre Ruán y Dieppe. Al bajar del coche, los viajeros se encuentran con un oficial prusiano “joven, excesivamente delgado y rubio, con el uniforme ajustado como un corsé”. “Buenas noches, caballero”, dijo Loiseau. El prusiano, “insolente como todos los poderosos” –escribe Maupassant– no se dignó a contestar.Luego de entrar a la posada, iban a sentarse a la mesa cuando el posadero pidió que Elisabeth Rousset se presentara ante el oficial. Ante la negativa de la chica, sus compañeros le suplicaron y sermonearon hasta que aceptó. El oficial prusiano ponía como condición para dejar que el grupo continuara su camino, que Bola de Sebo pasara la noche con él. “Nunca me decidiré a ello, nunca, nunca, nunca”, se indignó Bola de Sebo.
Bola de sebo es un texto que se incluye en muchas currículas de estudio de psicología social y sociología de grupos por la lucidez con la que el escritor muestra las alianzas y estrategias que se tejen en el seno de los grupos humanos, a la vez que revela la hipocresía y el egoísmo presentes en todas las clases sociales.

Pasaron varios días antes de que las damas del grupo comenzaran a comentar: “¿Qué importancia podría tener su complacencia para ella? ¿No es, acaso, su oficio complacer a todos los hombres? Ese prusiano es muy correcto y lleva muchos días sin trato con mujeres, podría haber abusado de cualquiera de nosotras pero se contenta con la que pertenece a todos”.Loiseau propuso atarla de pies y manos y entregarla ante el oficial pero, entre todos, optaron por la persuasión. Así, recurrieron a todos los casos de sacrificio de la historia, invocaron a Cleopatra, que “esclavizaba con los placeres de su lecho a todos los oficiales enemigos” y a todas las mujeres que “vencieron, con sus caricias heroicas, a monstruos repulsivos”. Las monjas, incluso, esgrimieron el sacrificio de Abraham: también ellas habrían matado a sus padres por un mandato divino. “El fin justifica los medios”, dijeron. “¿Prefiere, usted, vernos aquí, víctimas del enemigo a doblegarse a una liberalidad, muchas veces, por usted consentida?” El conde comenzó a tutearla de pronto: “No seas tirana, permite al infeliz que se vanaglorie de haber gozado de una criatura como no debe haberla en su país”.

Una de las versiones cinematográficas de «Bola de sebo» (1945).

Esa noche Elisabeth no bajó a cenar. A la mañana siguiente, la diligencia estaba preparada para seguir el viaje. Todos subieron al coche y, última, Bola de Sebo. Cuando quiso saludar a sus compañeros, fue como si nadie la viese. El conde ofreció el brazo a su mujer para alejarla de un contacto impuro. “Todos parecían violentados y despreciativos a la vez, como si la moza llevara una infección purulenta que pudiera contaminarlos”. La chica, avergonzada, no se atrevió a levantar la vista. Se sentía indignada por el comportamiento de sus compañeros, arrepentida de haber cedido a sus insistencias y asqueada por las caricias del prusiano.Al cabo de tres horas de viaje, Loiseau dijo “hace hambre”. Su mujer sacó un trozo de carne asada, lo partió en rebanadas y se pusieron a comer. Los otros viajeros, los imitaron.

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Bola de sebo, que no había cenado, tampoco había previsto vianda, entristecida y humillada por los sucesos de la noche anterior. Pero nadie le ofreció compartir su comida. La chica recordó su canasta de pollo cubierto en gelatina, sus quesos y frutas, sus vinos de Burdeos. Hacía esfuerzos denodados por contener las lágrimas, “se las tragaba como los chicos”, describe Maupassant, hasta que le fue inevitable dejarlas rodar por sus mejillas.Es entonces cuando Cornudet se pone a cantar la Marsellesa, que –a la sazón– era una canción revolucionaria que había sido prohibida por Napoleón y el llanto de la chica se confunde con las notas de ese tarareo, entre las tinieblas de la noche. Bola de sebo es un texto que se incluye en muchas currículas de estudio de psicología social y sociología de grupos por la lucidez con la que el escritor muestra las alianzas y estrategias que se tejen en el seno de los grupos humanos, a la vez que revela la hipocresía y el egoísmo presentes en todas las clases sociales. Aunque fue escrita hace 140 años, su contenido y mensaje son de una potencia y de una vigencia innegables en la actualidad.PC

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