Mundos íntimos. La cuarentena de un joven de 19 años, casi escritor, que no extraña las fiestas porque nunca le gustaron

Hola Daniel, ¿como estás? Sí, conozco la sección y te leo casi todos los sábados. Sin embargo, voy a tener que rechazar tu propuesta para participar. No me animo por varios motivos:
1) Perdería toda posibilidad de generar interés en el sexo femenino.2) Mi forma de ser no coincide con el perfil que buscás: sencillamente me encanta estar en casa. Me preguntás por fiestas virtuales. Detesto las originales, imaginate. Me deprimen mucho más las reuniones pixeladas. Con mi grupo de amigos hablo por mensaje. Ellos conversan entre sí mientras juegan al “League of Legends”. No me interesan para nada los juegos de computadora. No es por hacerme el maduro, simplemente no los entiendo. La cuarentena le da un marco legal a la vida que llevaba. En un mundo de lecturas donde nadie molesta, viendo Netflix y Youtube a full, escuchando a Tangalanga antes de dormir. ¿Te imaginás si esto llegara a publicarse? A vos no te conviene y yo sería objeto de (merecidas) burlas.

Fútbol. Salir a jugar e ir a la cancha, actividades que León extraña.

3) Mi estilo de escritura tampoco es acorde al tono de Mundos Íntimos. Busco una voz algo provocativa. Algo irreverente. Y -sobre todo- me gusta esconderme en la ficción. Ahí vale todo porque yo no soy yo, o sea, el que firmaría la sección. En el marco del ensayo me expondría a debate, a juicios morales y de valor. Si al arte de Maradona lo rebajan por conductas fuera de la cancha. O el de Michael Jordan. Imaginate si se me llega a escapar una estupidez a mí, que no soy nadie.

4) Instagram me avisa que hace un año posteaba la foto que te mando como archivo adjunto. Vengo del futuro. Allá en Tokio ya se usaba el barbijo. Por pudor. Parece que unos cuantos millones de habitantes necesitan generarse su propio espacio y descansar de las miradas de los demás. También había un polvillo dando vueltas, pero eso no tendría tanta contundencia metafórica. La foto me impacta. Parece una premonición. Ahora soy uno de ellos. No es un motivo en sí, pero trato con esto de suavizar la negativa.

En Tokio, hace un año. La gente ya usaba barbijos. ¿Adelantados?

5) Recién estoy cursando el segundo año en la universidad aunque ya me enseñaron lo primordial: un texto es un organismo autónomo. El autor está muerto como Barthes. Claro, esto no lo comento para vos que seguro ya lo sabés. Lo digo para convencerme a mí mismo de publicar. Spoiler: sigo estancado en la misma respuesta. Ahí fue una prolepsis. Es una anticipación en el relato, pero claro que emplear ese lenguaje técnico también me traería problemas. Quedaría nerd.5) Me aburrió la cuarentena. Monotema y monotonía son palabras muy similares. Te cuento cómo sería mi día ideal una vez que esto termine: me despierto, tomo unos mates con mamá y vamos a visitar a la familia. Un gran asado. Después con la rama paterna vamos todos a la cancha a ver a San Lorenzo. Ceno las achuras que quedaron del mediodía, me tomo el subte B y llego a la canchita de Villa Crespo, justo antes de la medianoche porque es más barato. Jugamos un partido con mis amigos, me baño y vamos a alguna casa a pasar la noche. Ahí tenemos algunas charlas filosóficas con la compañía de un buen fernet. A la mañana siguiente vuelvo a casa caminando, muy tranquilo y aliviado de que lo peor ya pasó. Suena lindo ¿no? Sin embargo ahora lo peor está siendo, y eso opaca mis ganas de publicar.6) El encierro, hay que reconocérselo, trajo alguna cosa positiva: vindica el valor de hacerse preguntas. Hay un texto de Eduardo Galeano situado en un cuartel. Ahí, junto a un banquito, se hace guardia todos los días durante varias décadas. La vigilancia se cumple rigurosamente aunque nadie entiende por qué. Hasta que un jefe curioso revuelve los archivos y descubre que la razón era el banquito, que treinta y un años y unos cuantos días atrás, estaba recién pintado. Hubo que vigilar que nadie se sentase en la pintura fresca. Una maravilla.7) Si llegara a publicar en tu sección, algo que definitivamente no va a darse, mis papás mostrarían orgullosos al hijo que criaron. Se inflarían el pecho y todas esas boludeces que hacen los padres para sentirse bien ellos mismos. A esta altura, podrás notar que me cuestan las miradas ajenas. Que me meto en mi zona de confort y a otra cosa. Ficciones disfrazadas de libros o películas o series. Todo eso es una gran puesta en escena para no afrontar mis inseguridades con el mundo exterior. Inseguridades que ellos mismos me crearon. Muchísima presión, expectativas insatisfechas. Soy mi propio barbijo. No me siento cómodo con gente que no conozco en profundidad, por eso trato de evitar las reuniones sociales. Me desgasta tener que decir siempre cosas inteligentes. Me agota intentar ser lo que se espera de mí. Es lo único que lamento de ser hijo único.8) Soy optimista, aunque parezca lo contrario. Somaticé algunas de mis angustias el año pasado; en la Universidad entregaba trabajos con carpetas flúor para distinguirlas y que nadie me observara al momento de ir a buscarlas; me acostaba sin sueño para recortar el día y me despertaba pensando en la siesta; llegué a pasar semanas sin salir de casa. El temita de la timidez lo estamos corrigiendo con mi psicóloga. Aparte quiero ser escritor, no relacionista público. El mismo Borges tuvo que cederle su primera conferencia a un amigo porque se moría de vergüenza. Me fascina esto de escribir. Todavía tengo muchísimo que aprender, claro. Pero voy bien. Presentar libros o asistir a conferencias son males necesarios que podría llegar a afrontar en un futuro.9) Cuarentena, cuarentena. Me aburre ese eje. García Márquez dice que cuando uno se aburre al escribir sí o sí va a aburrir al lector. Mi derecho principal como lector es que me eviten esa sensación. Estoy cansado de gente que cita “La Peste” de Albert Camus o “1984” de George Orwell. Entiendo que hay que renovarse cada tanto. Lo mismo aplica para los panelistas de ciertos programas deportivos. No me entra en la cabeza que debatir a los gritos sobre internas viejas en vestuarios sea un oficio imprescindible. Lo mismo los periodistas de espectáculos que venden chimentos de vidas ajenas. En Twitter fue furor un título calificado de “urgente” que alertaba por el estado de salud del tío del marido de Pampita.Esta crisis sanitaria es comparable con estar alcoholizado. Algunos dicen que las situaciones límite muestran una cara falsa de las personas. Yo pienso lo contrario: saca a flote lo que uno es en sus cimientos. Desnuda los secretos más profundos de cada uno. Y varios personajes están quedando mal parados.10) Te paso una reflexión que escribí una semana antes que se anuncie la cuarentena obligatoria. Tomalo como un pedido de disculpas por negarme a publicar:«Estos días estamos viviendo en el futuro. Es muy probable que en unos años se expanda el Home Office, las clases sean por streaming, los espectáculos se aferren al On Demand. Para cosas instantáneas tendremos las redes sociales, ese espacio donde las stories desplazan a las historias clásicas, ese rincón donde una idea puede resumirse en 280 caracteres, ese lugar donde sobra ideología y escasean libros.Ese rincón donde toda la potencia de nuestro primitivismo se disfraza de moderno, de simpático, de actual. Donde el odio se barniza con la postura blanca o negra que debemos mostrar.La pulsión instantánea le quita fuerza al argumento más fuerte.Es atractiva la intolerancia, y se ramifica cada vez más.Es la pandemia del pasado, del presente, ¿del futuro?No hay conclusión. Ojalá cada persona pueda aportar lo suyo para que no se propague».Descubrí que el contacto real con las personas es irremplazable, como los libros en papel.Gracias y perdón.—————-León, esta carta refleja muchas sensaciones que vale la pena compartir. Me gustó leerla. ¿La publicamos?Abz.​Daniel——————–Hola de nuevo, gracias por tus palabras. Estoy en una posición ambivalente: si publico me expongo como persona pero mi carrera puede despegar.Te mando este mail mientras el sol se escapa impune por la ventana. La situación general da bastante impotencia. Hay algo invisible dando vueltas, paseando con vanidad imprecisa y soberbia incontenible, y ese algo afantasma al mundo entero. Mis días pasan en loop . A la mañana alguna lectura. Intento estudiar. Vuelta a la plaza con mi perro Coco. Termino de almorzar y sigo con hambre. Al rato se terminan las botellas de agua. Después me preparo té y con galletitas acompaño la serie de Netflix de turno. Ceno. A la madrugada me despierta siempre el mismo mosquito. Y así.Duré poco con los abdominales y las flexiones de brazo. Necesito correr unos kilómetros para descargar tanto encierro, volver a las clases de tenis, sentir un rato que el mundo es mío.11500 caracteres. Acepto el desafío. Escribir hace que el tiempo pase más rápido. Me sirve como catarsis para olvidarme un rato de la realidad. A veces me pregunto quién guionó todo esto. El que haya escrito este capítulo 2020 es un fenómeno. Un ricachón chino va al mercado, ve a un murciélago colgado con las vísceras afuera, lo compra y alimenta su alma morbosa. Acaba de crear una enfermedad asintomática. Eso nadie lo vio venir. Es la ficción por excelencia.Bueno, qué hice durante este mes y pico. Vi temporadas completas de “Los Simpsons”. Terminé “Better Call Saul”, una joya de serie. Son dos historias paralelas: una banda de narcotraficantes y una relación exquisita entre dos abogados: él es corrupto y ella intachable. Muy de a poco se van metiendo en el mundo del otro, se van estudiando y cruzan esas fronteras de tensión con escenas alucinantes. Creo que superó a su maestro “Breaking Bad”.También me puse al día con las películas de gangsters de De Palma. Vestí la campera de cuero de Al Pacino y disparé a bandas enemigas en estaciones de tren. Tiré paredes con Messi, Xavi e Iniesta. Jugué en la Liga de Nicaragua pero duré poco. Salí a pasear por Buenos Aires con las “Aguafuertes” de Roberto Arlt y me tomé un café en El Cairo con Fontanarrosa. Soy ficción.El colectivero Tito Morán me manda un video disculpándose por el póster que me rompió hace trece años en el Luna Park. Le envié la imagen incriminatoria de ese momento por mensaje y se ablandó. Mc Floyd no es escocés ni usa pollera. La presión gástrica con la que Sodrak hace vomitar a sus rivales no es real. Al cabo, perdono a los malos de “100 % Lucha”. De a poco voy perdiendo el miedo. Entiendo que todavía falta, que es un proceso.¿Qué más te puedo contar? En el Campus Virtual nos preguntaron qué es el arte. Así, cortito y al pie. Era la primerísima consigna antes de empaparnos en definiciones académicas. Entre muchísimos comentarios de compañeros que apelaban a adjetivos, gerundios y necesidad de figurar alguien deslizó: “El arte es como salir a tomar aire”. Es extraordinario, ¿no?Ya no sé más cómo llenar este espacio. Se me ocurre que es otra metáfora del encierro forzado. ¿Algo de política quizás? Me preocupa mucho ese ámbito.A nivel mundial, la historia nos mostró que las crisis son permeables para la llegada de líderes nefastos. Me asusta que puedan potenciarse algunos actuales como Donald Trump y Jair Bolsonaro. En cuanto a Argentina en sí, la periferia nos trajo el beneficio del tiempo. Todo acá llega tarde: el progreso económico, el aborto legal, la separación Iglesia-Estado. Esta vez, la pandemia al menos nos permitió un rato más para preparar hospitales.Me encanta estar en casa. Insisto. Cuando no da órdenes, mamá es una gran compañera. Cuando no ladra, mi perro es algo así como un hermano.Mientras redactaba este mail me llegaron dos mensajes al Whatsapp. Un amigo (que siempre me envía canciones para dilucidar el significado de las letras) me propone escribir para llenar la música de sus riffs.Acepto.Una amiga me envía un poema. “Invento laberintos porque conozco el final” dice.Lo acepto. Me atrae la idea de publicar en tu sección. Creo que desde el primer mail. Lo único que te pido es sostener este formato epistolar. Me ayudó a pensar como ficcionador y no como persona real.Esquivé la palabra coronavirus durante todo el texto. Lo siento como un triunfo personal.Gracias. Te mando un abrazo virtual.————–León Calvo es estudiante de Licenciatura en Artes de la Escritura en la UNA. Cuando se dé cuenta que no se puede vivir de escribir, será profesor de Literatura o algo por el estilo. Además, quiere hacer justicia por su etapa como alumno en las aburridas clases de Lengua en la escuela secundaria. Por ahora su currículum se compone de participaciones en cursos literarios y de dramaturgia, diplomas de idioma inglés y de alemán. Escribe solo cuando tiene ganas. Todavía no encontró ningún juego que combine tan bien estética y emoción como el fútbol, aunque cree que leer se le acerca bastante. Ve series y reconoce que le encantaría que vuelva “100 % Lucha” a la televisión.

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